El interruptor

La vida se ha convertido en una vertiginosa y agotadora carrera para millones de personas, sobre todo para quienes viven en las ciudades. Especialmente es el caso de los países occidentales.

Antaño la vida era mas sencilla y tranquila, más acorde con los ciclos naturales, el día era para trabajar y la noche para dedicar tiempo para la familia y descansar. Pero hoy día la gente se siente cada vez más cansada y fatigada.

Un factor es que se duerme menos, con solo apretar un interruptor”, el de la luz, podemos controlar la duración del “día” y podemos acostarnos más tarde, apretando ese interruptor las fábricas empezaron a funcionar también de noche y las empresas de servicio ampliaron su horario de atención al publico.

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Y así hemos llegado a la sociedad de las veinticuatro horas.

Otros avances tecnológicos, como la radio, la televisión y la computadora personal nos privan del descanso necesario.

A quién, no nos gusta, si somos amantes del cine a quedarnos a ver una buena película, o a ver el desarrollo de un evento deportivo y eso nos hace desembocar en que nuestro amanecer sea agotador y somnoliento.

El ordenador y las redes sociales nos ofrecen un sinfín de  distracciones y nos incitan de igual modo a millones de usuarios a mantenernos despiertos hasta altas horas de la madrugada.

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Por supuesto estos pequeños aparatos no son malos en si, no obstante proporcionan a muchas personas otro incentivo más para pasar por alto nuestra necesidad de descanso.

Pero no es solo eso, esta carrera en la que estamos inmersos por la tecnología hace que todo vaya más deprisa, hoy un empresario o ejecutivo puede almorzar en un lado del océano y cenar en el lado opuesto.

Por supuesto ninguno de nosotros podemos frenar el ritmo acelerado de este mundo.

Sin embargo, a nivel personal, si es posible efectuar cambios que nos permitan llevar una vida más tranquila y equilibrada.

Cuando compramos el lavaplatos es para ahorrarnos tiempo y esfuerzo, igual con la lavadora, y todo aquellos electrodomésticos que nos ayudan… entonces donde está ese tiempo…?

Nos hemos convertido en corredores en una prueba sin fin, y esto paga un alto precio, por poner un ejemplo: …por estar cansado y fatigado un día tienes un accidente en el trabajo y te han de llevar al hospital, lo normal es que si te han de practicar una intervención quirúrgica, esperas que el cirujano esté despierto y alerta y no cansado y fatigado en exceso”.

Nuestro cuerpo no es una maquina infalible y paga caro su mal uso, así deberíamos conseguir la sabiduría necesaria para proteger las necesidades y la naturaleza humana en el mundo tecnológico que hemos creado.

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Nos ayudara tener un orden de prioridades, un poco de soledad,  meditar sobre temas constructivos, y renovar fuerzas.

Hagamos de nuestro tiempo un presupuesto equilibrado y no gastemos más de lo que realmente podemos.

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16 comentarios en “El interruptor

  1. Hola! 💕, me presento en nombre del amor recurriendo a vos con el fin de que me brindes tu mano, se que pasaste a leer algo de mi blog…el fin con el que escribo y plasmo todo sobre una hoja, mas alla de que es algo que amo, lo hago para brindarle ese calor a quien siente frio, para ayudar a quien lo necesita, para darle una gota de esperanza a quien cree que todo esta perdido… Espero que te unas a mi en esta cadena de amor, luchando contra el odio y todo lo referido a el, brindandome simplemente tu mano compartiendo mi blog para que le llegue a la gente. Estaria encantado que pases a leer mas de mis ensayos y asi puedas entenderme mejor, desde ya te digo muchisimas gracias y te mando mucho amor y paz 💕☄
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  2. Cuando yo estudiaba, en mis tiempos de la EGB, en el libro de sociales, uno de los temas que se abordaba era la sociedad del futuro, la sociedad del bienestar. Una sociedad donde las máquinas efectuarían el trabajo más duro y los hombres el más liviano. El trabajo más liviano relativo a las ciencias, pintura, música. Llevándonos a una especie de sociedad griega, donde a la sombra de los templos y maravillosos jardines la poesía y la música serían nuestro pasatiempo, a modo de semidioses griegos. Pues bien, eso nunca llegó. Y, al contrario, el poseer cosas, nos convierte a su vez en esclavo de ellas, porque para poseerlas debemos utilizar tiempo, nuestro tiempo, en trabajos de horas y más horas, para poder llenar de trastos nuestras vidas y como siempre olvidamos al que tenemos al lado, sea nuestra mujer, marido o hijos. Porque para darles mejores cosas a nuestros seres queridos, nos apartamos de ellos. Cuando nos reunimos con nuestras parejas, hijos o amigos, estamos cansados, desnortados y con ganas de descansar, al regresar de jornadas interminables.

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  3. Muy buen post, como siempre. Ojalá nuestra capacidad para alcanzar la sabiduría de invertir en descanso llegase tan rápido cómo los cambios tecnológicos a los que nos enfrentamos. Pero no es así. Sólo nos queda educarnos y priorizar. Es curioso que el mismo ejemplo de las lavadoras que ha nombrado Óscar me evoque a mí aquel pasaje de El Principito donde hay un comerciante de píldoras que quitan la sed. Mi favorito.

    Un saludo enorme.

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  4. Bueno, ese interuptor en principio es todo un adelanto, pues la luz artificial nos permite aprovechar tiempos que antes nos veíamos obligados a dar por perdidos (sobre todo en invierno, cuando la oscuridad nos alcanza demasiado temprano). Pero al parecer el ser humano tiene una capacidad innata para convertir toda virtud en vicio, pues usamos esa luz extra para perder el tiempo en lugar de aprovecharlo, restar horas al descanso y llegar a la jornada siguiente, al momento en que es nuestra obligación laboral aprovechar ese tiempo, demasiado cansados para dedicarnos con atención a nuestras tareas.
    Por otro lado, creo que en su primer párrafo minusvalora el estrés que se vive en las grandes ciudades orientales. Vivo en Pekín y la sensación no es sólo de estar demasiado atareado, sino de que el esfuerzo no sirve de nada, pues el tiempo y las posibilidades se pierden por igual.
    Explico brevemente el caso esta ciudad, y creo que de la China en general.
    En primer lugar están las grandes distancias hasta los puestos de trabajo. Si tardas una hora en llegar a tu trabajo (y otra hora en volver, claro), aquí la gente te dice alegremente que vives muy cerca del trabajo, y es que no es nada raro tener que invertir cuatro horas en los desplazamientos de ida y vuelta.
    Por otro lado, están los horarios. A determinada hora las oficinas cierran y hay que acabar el trabajo antes de esa hora sí o sí. Esto provoca el consabido estrés laboral, pues nadie va a esperar al trabajo del otro. Pero es que tras la hora de cierre, en la que las empresas externas con las que se trabaja ya no le hacen caso a uno, ves como los mismos que tanta prisa se daban porque había que acabar a la hora, se quedan haciendo horas extras (y hablo de entre dos y cuatro horas), porque consideran que si no trabaján de más están dando una mala impresión ante sus jefes.
    De esta manera tienes trabajadores que no llegan a su horario, pero que luego están haciendo horas extras en sus respectivas oficinas sin levantarse el teléfono los unos a los otros porque su horario ya ha acabado y a los que aún les queda el largo trayecto hasta llegar a sus casas.
    Esto produce altos niveles de estrés mezclados con la sensación de que el trabajo de uno no sirve de nada.

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  5. Es curioso, cierto párrafo, el de la lavadora y el lavaplatos, me recordó a eso que se decía en la revolución industrial, que con mejores máquinas, los trabajos serían mejores y las personas podrían descansar más. Cómo no, era una trampa: a mayor eficiencia tecnológica, más expolio de los recursos y de la vida humana, inclusive más paro y desesperación. Y esto no es tema baladí, que estamos en plena segunda revolución.

    Pero claro, además de robarnos el tiempo, la tecnología es un bien de consumo, y nosotros estamos construidos para consumir. Los gobiernos ven el mundo a la deriva pero no dicen “frenemos que nos la pegamos”, dicen “hay que consumir más y crecer más”, como solución para todo; robar más tiempo a la vida y al mundo.

    No descarto que en un futuro la gente pueda comprar minutos en las tiendas. Pagar dinero por horas libres en el trabajo, jaja.

    Un saludo.

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