Niño hoy, adulto mañana

En las últimas décadas, la vida de las familias de los países más adelantados ha cambiado muchísimo. Antes, los padres enseñaban con autoridad, y los hijos obedecían. Pero ahora es común que los niños manden, y los padres obedezcan.

Seguro que en alguna ocasión has observado como un niño de corta edad se encapricha de un juguete en una tienda, su madre le hace ver que ya tiene muchos, pero el niño insiste y enfurecido llora y grita, la madre con miedo a esta rabieta cede y se lo compra.

Aunque esta  situación es  imaginaria, no es para nada exagerada. La realidad es que en muchos hogares los padres toleran el mal comportamiento de los hijos, ceden a sus caprichos y los libran de las consecuencias de sus actos. El libro The Narcissism Epidemic (La epidemia del narcisismo) comenta: “Es cada vez más común ver a padres que ceden su autoridad a los hijos […]. No hace tanto, los niños sabían quién mandaba y tenían claro que no eran ellos”.

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Por supuesto, muchos padres ven la importancia de enseñar valores a sus hijos. Por eso procuran darles un buen ejemplo y corregirlos con cariño y firmeza cuando hace falta. Sin embargo, según el libro citado antes, los padres que actúan así “están nadando contra la corriente social”.

¿Cómo hemos llegado hasta este punto? ¿Dónde fue a parar la disciplina?

Hay quienes afirman que los padres empezaron a perder autoridad en la década de 1960, cuando los llamados “expertos” los animaban a ser menos exigentes con sus niños. Les aconsejaban que más que padres, fueran amigos de sus hijos. También les decían que alabarlos era mejor que reprenderlos y que convenía aplaudirles lo que hacían bien en vez de empeñarse en corregirlos. En lugar de aconsejar a los padres que equilibraran los elogios con la disciplina, les daban a entender que, si regañaban a sus hijos, podían alterar su delicado estado emocional y hacer que en el futuro les guardaran rencor.

Poco tiempo después, los expertos comenzaron a promover la autoestima. Parecía como si hubieran descubierto el secreto de la educación infantil: hacer que los hijos se sientan contentos con ellos mismos. Sin duda, es importante hacer que los niños se sientan seguros, pero esa filosofía fue llevada al extremo. Se llegó a recomendar a los padres que, al corregir a sus hijos, evitaran palabras negativas como no y malo. Debían recordarles continuamente lo mucho que valían y que podían llegar a ser lo que quisieran. Era como si fuera más importante ayudarlos a sentirse bien en vez de a hacer bien las cosas.

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Hoy en día hay quienes piensan que dar tanto énfasis a la autoestima solo logra que los niños crean que lo merecen todo y que son los reyes del mundo. Además, según el libro Generation Me (La generación Yo), esta tendencia ha hecho que muchos jóvenes “no estén preparados para las críticas y los fracasos que acompañan a la vida”. “En el mundo laboral a nadie le preocupa tu autoestima —dice un padre citado en esta obra—. Si le presentas a tu jefe un informe mal hecho, no te va a decir: ‘Me encanta el color del papel que escogiste’.” Este mismo padre añade que hacerles creer a los hijos que todo irá bien, hagan lo que hagan, “no les ayuda en lo más mínimo”.

Evidentemente, la permisividad de los padres de hoy tiene consecuencias negativas. Además de debilitar su autoridad, priva a sus hijos de la guía necesaria para tomar buenas decisiones y enfrentarse a la vida con seguridad.

Por esto deberíamos reflexionar como educamos a nuestros hijos, a menos que nos tengamos que aplicar lo que dijo Marco Aurelio…“Tus defectos como hijo son mis fracasos como padre…”

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18 comentarios en “Niño hoy, adulto mañana

  1. Hace unos días me vi enfrascado en una discusión respecto a esta temática. Qué está pasando con las niñas, niños y adolescentes de hoy en día? Y creo que la respuesta se encuentra justamente aquí, en esta publicación.
    “Tus defectos como hijo son mis fracasos como padre”. Hoy en día se dejo de criar con el ejemplo. También se dejaron de lado los límites y lo que significa orientar a los hijos. Es como si niños estuviesen criando niños.
    Me alegra mucho que puedas publicar temáticas tan importantes de la actualidad. Un abrazo!

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  2. Hola Salomón, yo soy profesor de Geografía en Uruguay, y te puedo asegurar que esos límites que se necesitan en la vida, no solo para que lleguen al mundo laboral y adulto mejor preparados, sino para que comprendan hasta donde llegan los derechos individuales, donde comienzan los de los demás y dónde existen derechos colectivos, también son necesarios.
    Cada día observo a mis estudiantes y veo cómo piden a gritos que les limiten sus comportamientos, sus actos, no sus pensamientos e ideas, pero sí sus movimientos, puesto que considero que no hay mejor enseñanza humana que permitir a un niño o adolescente explorar el mundo a tientas, pero siempre con una guía que lo apoye y lo ayude a moverse correctamente.
    Aunque siempre me pregunto cuando veo a los adultos de aquí andar por sus vidas corriendo y gritando porque pierden tiempo para ir a trabajar, a estudiar o a lo que sea ¿estamos educando personas para seguir un patrón social establecido por alguien que no conocemos o debemos educar para que aprendan que lo diferente, que lo “otro”, no es algo negativo o malo?
    La educación considero debe seguir los valores familiares en el niño, pero al llegar al ámbito educativo formal, esos valores son modificados generalmente, también soy conciente de que depende mucho del sistema político, ideológico, social y hasta económico que rige en el país donde ese niño vive, pero la realidad que veo es que no deberíamos homogeneizar al ser humano, sino aprender de las diferencias, convencernos de que lo que no es distinto no siempre es negativo, no siempre es malo, también puede ser bueno.
    Mi filosofía de vida es ayudar a quien esté a mi alcance, es decir, no tengo mucho dinero, más bien lo justo y para mí el dinero no es ayuda, sino que intento ayudar a la gente que se cruza por mi vida compartiendo experiencias, conocimientos, charlas, un abrazo, y todo lo que esté a mi alcance para aportarle a ese otro, por lo cual creo que los límites que todo ser humano necesita conocer deben estar establecidos por su familia para comprender mejor posteriormente al mundo en el que vivirán, pero si esas familias no tienen ciertos límites sociales establecidos, la educación formal debería presentarles los que la sociedad impone.
    Muy buen post, y me ayudó a reflexionar sobre mis prácticas educativas.
    Gracias!

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  3. Realmente vivimos en una sociedad que valora de manera exagerada lo que es la buena crianza, a los niños se les inculca a defenderse de los padres abusadores y claro, creo que en una parte es bueno enseñarles a cuidarse de los abusos departe de los adultos, pero que sabe un niño de disciplina mientras esta bajo la tutela paternal, no podemos ignorar su tendencia natural a manipular las situaciones a su favor. Así que estoy totalmente de acuerdo con tu argumento. Creo que a los niños se les debe respetar su dignidad como ser pensante, pero con la claridad de hacerles saber que todo cuanto decidan tiene sus consecuencias y que quien decide se hace responsable de estas. Y claro esta cuando las cosas parecen salirse de control, no esta demás alzar el tono de la voz para dejar saber quien esta a cargo y si esto no es suficiente también un buen correazo no viene mal. Un abrazo.

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  4. Grandes verdades dices. El confundir churras con merinas (amistad paterno-filial con colegueo de parranda), conllevará un choque brutal y destructivo con la realidad que los niños tengan que vivir en el futuro. Se ha pasado de un extremo a otro, me temo, y de la educación severa a base de tortazos lo que prima es el consentir todo, como regla general. ¿Desidia en los padres de esta generación? ¿Errores a nivel estructural? Una lástima que, muchas veces, cuando veo a un padre de mi edad (yo no soy ni lo seré y ya no soy ningún jovencito) piense en lo mal que le va a ir al mundo con la generación que llegará detrás.

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  5. Un buen artículo. Cierto es que muchos padres ceden al chantaje de sus hijos por no oírlos y que les dejen en paz. Si llora y tiene rabieta por algo que quiere conseguir ya se le pasará, pero no hay que ceder. También somos padres pero no amigos. No me gusta el término. Estoy de acuerdo que debemos tener un equilibrio en la educación y educarlos desde la cuna en los valores. Feliz semana! 🙂

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  6. Qué gran reflexión. Este fin de semana leí una situación que vivió un conocido mío en un supermercado del país, fue tanto su shock con la situación que se puso a reflexionar sobre esto.
    Como docente considero que el cambio es positivo si se tiene el tacto correcto, tengo alumnos cuyos padres son dedicados, atentos con ellos y tienen un comportamiento muy adecuado en el aula.
    En cambio también tengo niños educados a la antigua con su “la letra con sangre entra” cuyo comportamiento es de lo peor.
    Como leí más arriba, el equilibrio es elemental.
    Intento ser amorosa pero firme con mis alumnos, pero por más que me lo repitan nunca entenderé porqué no puedo revisar los exámenes con rojo. 🙂

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  7. Pues yo sí creo que un padre debe ser amigo de su hijo, lo que pasa es que el concepto amigo se ha devaluado bastante.

    Porque un amigo de verdad es el que te dice la verdad aunque duela, el que te corrige antes de que te equivoques, el que hace cosas por tu bien aunque tú no las entiendas, el que se esfuerza por ti, el que te protege pero también te deja que te equivoques para que aprendas de tus errores, el que comparte contigo su experiencias, el que te levanta cuando te caes y en que te pega los pies en el suelo cuando vas a saltar al vacío.

    El problema no es que los padres sean amigos de sus hijos, sino que quieran ser sus coleguitas.

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  8. Hay puntos que no se mencionan en el post, pero bien vale la pena considerarlos. Anteriormente el provedor del hogar era papá, por tanto los hijos eran criados con una gran influencia de la mamá, ya que era ella quien se hacía cargo del hogar y por supuesto de sus hijos. En la actualidad ambos progenitores están fuera de casa la mayor parte del tiempo, los peques esperan, ya sea en el colegio, en la guardería o en casa, acompañados de un tercero que, no necesariamente es un familiar.

    En occidente los tiempos han cambiado y ahora vivimos en una carrera a marchas forzadas en la que se prioriza la carrera profesional y las promociones que ésta ofrece, al igual que la búsqueda de la maximización salarial. Detrás de ambas cosas se encuentra un factor único de suma importancia: el tiempo. ¿Cuánto de este preciado recurso estoy dispuesto a dar en mi vida profesional a cambio de subir por la escalera al “éxito”? ¿De qué me perdí por conseguirlo? ¿Fue suficiente el cubrir mi ausencia con cosas y posesiones en lugar de haber estado presente en los eventos más importantes?

    Hasta la fecha, en su lecho de muerte, no ha habido ninguna persona que se declaree arrepentido por no haber pasado más horas en la oficina produciendo.

    Tiempo, tiempo y más tiempo

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  9. Como siempre digo, y como madre y profesora estoy muy implicada en el mundo de la educación, el equilibrio es fundamental, ni sólo permisividad, ni sólo autoridad. Un justo medio. Y es trabajo de los padres encontrar ese equilibrio, por el bien de los hijos y por ende, de la sociedad.
    Un saludo

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