Un buen libro no tiene final

LOS animales no tienen la capacidad de hacer lo que usted está haciendo ahora: leer. Además, una sexta parte de la humanidad no ha adquirido esta destreza, en muchos casos por no haber tenido acceso a la educación. Por otro lado, un gran número de los que sí han aprendido a leer no acostumbran hacerlo. Sin embargo, la palabra escrita nos permite viajar a otros países, conocer a personas cuyas vidas nos enriquecen y adquirir conocimientos prácticos que nos ayudan a afrontar las inquietudes de la vida.

La calidad de la lectura repercute en el rendimiento escolar. En el mercado laboral puede influir en el tipo de empleo que se consiga y en la cantidad de horas que se tengan que trabajar para obtener el sustento. Las amas de casa que son buenas lectoras están más preparadas para cuidar a sus familias en los campos de la nutrición, higiene y prevención de enfermedades. De igual modo, las madres aficionadas a leer pueden ejercer una influencia muy positiva en el desarrollo intelectual de sus hijos.

Lamentablemente, distracciones como las historietas y la televisión han relegado la palabra escrita a un lugar muy secundario en la vida de muchas personas. Las horas frente a la pantalla y la falta de práctica dificultan el dominio de la lectura y, además, limitan la capacidad de pensar, razonar y expresarse con claridad.

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Claro está, la habilidad de leer bien no es una virtud en sí misma. Para que le beneficie, tiene que darle un uso apropiado. La lectura, al igual que la comida, debe seleccionarse con cuidado. ¿Por qué ingerir alimento sin valor nutritivo, o incluso tóxico? Del mismo modo, ¿por qué exponerse, aunque sea de vez en cuando, a información que podría corromper tanto su mente como su corazón?

De ello aprendemos que si leemos con una motivación impropia, podríamos extraer conclusiones erróneas o no comprender nada en absoluto.

Leer y reconocer van de la mano. Ahora mismo, mientras lee, está reconociendo términos y recordando su significado. Pues bien, si amplía la zona de reconocimiento, aumentará la velocidad de la lectura. En vez de detenerse a mirar cada palabra, trate de ver varias de un golpe. Según vaya dominando esta técnica, entenderá con más claridad lo que lea.

Meditar es pensar con detenimiento, sin apresurarse. Aprenda a concentrarse.

Introdúzcase en las escenas que describe la lectura. Trate de visualizar los personajes e implíquese emocionalmente en sus experiencias.

Por otra parte, tenga cuidado de no divagar. Aunque recorra el texto con la mirada, sus pensamientos pudieran hallarse en otro sitio. ¿Llegan hasta usted el sonido de la música o del televisor, o las voces de su familia? Si es posible, es mejor leer en un lugar tranquilo. Ahora bien, puede que la distracción no provenga del exterior, sino de usted mismo, quizá por haber tenido un día ajetreado. ¡Qué fácil es rememorar las actividades de la jornada! Claro está que repasarlas es bueno, pero evítelo mientras lee. Tal vez se concentre al principio pero después su mente empieza a desviarse. Cuando esto ocurra, oblíguese a poner nuevamente toda su atención en la lectura, y verá cómo mejora poco a poco.

¿Qué hace cuando se encuentra con una palabra que no entiende? A veces, los términos poco conocidos se definen o explican en el propio texto, o quizá el contexto le permita deducir su significado. En caso contrario, deténgase a consultar un diccionario o ponga una marca para preguntar a alguien más tarde. De esta forma, ampliará su vocabulario y su comprensión de la lectura

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¿Cuándo lee usted? ¿Prefiere hacerlo por la mañana temprano, o se siente más despejado en otro momento de la jornada? Si invierte siquiera quince o veinte minutos diarios, se sorprenderá de cuánto puede abarcar. La clave es la constancia.

La intensidad con que nos aplicamos a leer es la mejor indicación del aprecio que sentimos por algo tan maravilloso como la lectura.

Como dijo Confucio…No importa lo ocupado que piensas que estás, debes encontrar tiempo para leer, o entregarte a una ignorancia autoelegida.

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19 comentarios en “Un buen libro no tiene final

  1. Leer, leo más noticias, blogs y web que libros pero sí, alguno cae y alguno tengo por terminar. ¿El último? La estupenda crónica de Álvar Núñez Caveza de Vaca “Naufragios”. Corto y muy intenso.

    Gracias por volver. Un abrazo.

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  2. Amo leer. Me parece que las letras son la primera red virtual humana que tiene su origen en la invención del código escrito por nuestros ancestros. Solo esta red tiene el poder de hacer dialogar a vivos y muertos, a mundos reales con imaginarios, a seres humanos por igual, aunque medien traducciones para entendernos. La palabra escrita permanece, se eterniza, aunque quienes escriben se sumerjan en el sueño de la eternidad.

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  3. Buen punto Sr. Hurtado, definitivamente leer es viajar, es entrar a un mundo de información que en ocasiones desconocemos. A mi me gusta leer en cualquier momento, sólo tengo una condición, necesito estar interesado. Una vez compré un libro de novela negra, cuando se podía comprar, y recuerdo que al empezarla al cabo de un par de horas no quise seguir leyendola, mi conclusión fue que todos los días podemos leer, si tengo algo de dolor de cabeza, pues tal vez lea algunos haikus, si no, puedo leer cualquier cosa pero que me motive a leerlo, necesitamos leer lo que queramos y poco a poco nos iremos interesando por temas que en un momento ni llegamos a imaginar. Por cierto la novela la leí 4 meses después y definitivamente me encando, al final terminé abriendo ese libro como en 2 ocasiones más.

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  4. El pensamiento se estructura con palabras. Esa es la clave de la evolución del ser humano: no se pueden construir conceptos abstractos a partir de los mensajes de los sentidos. Eso nos coloca en una liga muy superior a los animales. Y la mejor y tal vez la única forma de entrenar esta capacidad es leer. Por eso es tan importante: leer ayuda a pensar.

    Dicho lo cual, le dan el Nobel de literatura a un señor que escribe canciones. Medio mundo lo entiende, yo no.

    Gran mensaje el que das compañero, y perdona que haya arrimado él ascua a mi sardina.

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