Un millón de amigos

“LA SOLEDAD nunca es una enfermedad —indica el libro In Search of Intimacy—. Es un anhelo sano […], un indicio natural de la carencia de compañerismo.” Este sentimiento debería conducirnos a buscar buenos amigos, tal como el hambre nos incita a ingerir alimentos nutritivos.

No obstante, “a algunas personas no les gusta tener contacto con las demás”,  Sin importar por qué lo hacen, lo único que consiguen es encerrarse aún más en sí mismas.  Así pues, es preciso reconocer en primer lugar la necesidad de amigos y luego tomar medidas para satisfacerla.

En vez de compadecerse o envidiar a los que parecen tener más o mejores amigos, ¿por qué no adoptar una actitud positiva?

También conviene cuidarse tanto física como mentalmente. Cuando el cuerpo recibe la comida, el descanso y el ejercicio que necesita, mejoran el ánimo y el aspecto. Además, al estar limpios y bien arreglados, no solo resultamos más atrayentes, sino que gozamos de una mayor autoestima. Claro, no hay que obsesionarse con la imagen. “Vestir a la última moda no ayuda a encontrar amigos de verdad  pues la gente que vale la pena mira el interior de uno.”

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Hay que tener presente que nuestros pensamientos y emociones se traslucen en nuestra forma de hablar y en la apariencia que presentamos. ¿Somos optimistas? Entonces se nos notará en el semblante. Y no hay nada que nos favorezca tanto como una sonrisa sincera. Si le añadimos un buen sentido del humor, no faltarán quienes quieran acercarse a nosotros.

Ya que las buenas cualidades proceden del interior, debemos esforzarnos por llenar la mente y el corazón de ideas y sentimientos positivos. Lo lograremos, por ejemplo, al leer sobre asuntos interesantes y significativos (noticias de actualidad, culturas diversas, fenómenos naturales, etc.), y al escuchar música que nos levante el ánimo. Al mismo tiempo, hay que evitar convertirse en espectadores pasivos que embotan su mente con las fantasías de la televisión, el cine y las novelas. Las amistades que salen en la pantalla no son reales, sino fruto de la imaginación del guionista.

No se trata de abrir el corazón de par en par ni de revelar los más íntimos secretos al primero que venga, sino de manifestar nuestras verdaderas opiniones y emociones de modo selectivo y gradual.

Ahora bien, hasta si uno es sociable por naturaleza, hacen falta tiempo y vivencias en común para que surja la confianza mutua. Entre tanto, no hay que inquietarse por lo que piensen de uno.

Los que son amigos de verdad no tienen que andar con simulaciones ni tratar de impresionar a nadie. Para gozar de amistades auténticas hay que ser auténtico y, de igual modo, dejar que los demás sean como son. La persona alegre acepta al otro como es: ni se exaspera por sus pequeños defectos ni trata de moldearlo según su criterio. Así pues, esfuércese por estar satisfecho y no ser hipercrítico.

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Existe un factor aún más relevante, sí, de primera importancia. Efectivamente, la única forma de conseguir amigos de verdad es siendo generoso y desinteresado. En otras palabras, primero hay que ser amigo. Estas relaciones solo tienen éxito cuando uno se preocupa más por aportar que por recibir, lo que exige estar dispuesto a anteponer las necesidades ajenas a las conveniencias y gustos propios.

Otro elemento fundamental de las relaciones felices y duraderas es el respeto mutuo, que incluye la consideración por los sentimientos ajenos. ¿Verdad que nos gusta que nuestros compañeros actúen con tacto y discreción cuando sus preferencias y criterios difieren de los nuestros? Por eso, ¿no deberíamos nosotros actuar de igual modo?

Otra manera de mostrar respeto es no someter a los amigos a un control asfixiante. En la auténtica amistad no tienen cabida los celos ni las actitudes posesivas, es necesario evitar la tendencia a querer a los amigos para uno solo. No hay que ofenderse ni dejar de hablarles cuando se sinceren con otros, sino aprender que es beneficioso ampliar nuestro círculo y dejar espacio a los demás para que forjen otras relaciones.

También hay que tener presente que los compañeros necesitan su espacio privado. Tanto los solteros como los casados precisan tiempo para ellos mismos. Siempre han de primar el equilibrio y la consideración: no tenemos por qué retraernos de buscar a nuestros amigos, pero tampoco debemos abrumarlos con nuestra presencia.

Se ha dicho que la amistad duplica las alegrías y reduce a la mitad las tristezas. Sin embargo, si somos realistas, no podemos esperar que los amigos remedien todos nuestros problemas y satisfagan todas nuestras necesidades, pues esa es una manera egoísta de concebir la amistad.

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Una vez establecida la relación, no debemos darla por sentada. Los verdaderos amigos, aunque se encuentren separados por el tiempo y la distancia, están siempre presentes en nuestros pensamientos. Aunque no los veamos con frecuencia, cuando sí lo hacemos nos resulta fácil ponernos al día. Sobre todo cuando pasen por dificultades o necesiten ayuda, es importante que estemos a su lado. En la mayoría de los casos, no debemos alejarnos cuando enfrenten problemas, pues es entonces cuando quizás les hagamos más falta.

La actitud altruista y positiva nos permitirá hacer amistades.  Elbert Hubbard dijo…“Tu amigo es aquel, quién conoce todo acerca de ti, y de todas maneras te quiere…”

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