Un paso adelante…

“Haga ejercicio dos veces a la semana para estar en forma. Dedique treinta minutos diarios a hacer ejercicio. Si quiere prevenir el cáncer, no consuma bebidas alcohólicas. Tomar un poco de alcohol reduce el riesgo de padecer enfermedades cardíacas. ¿Te confunden a veces tantos consejos? Un día los titulares recomiendan una cosa, y una semana después, otra completamente diferente.

¿Por qué no se ponen de acuerdo los expertos? ¿Cómo es que el café resulta dañino una semana e inocuo la siguiente?”

Los especialistas en salud a menudo no concuerdan en cuestiones de nutrición y de buena forma física. Tanto es así que mucha gente no sabe a qué atenerse ante la marea de recomendaciones que recibe. No obstante, en lo que respecta a la actividad física moderada, parece haber consenso general entre los expertos: para mejorar la salud debe hacerse ejercicio con regularidad.

La inactividad física se ha convertido en un grave problema en nuestros días, en especial en las naciones industrializadas. En el pasado, muchos de los habitantes de estos países efectuaban duro trabajo manual en áreas como la agricultura, la caza o la construcción. Es cierto que, a menudo, el intenso esfuerzo físico necesario para subsistir sometía a tanta presión a nuestros antepasados que incluso acortaba su vida.  En marcado contraste, la esperanza de vida a finales del siglo XX en los países desarrollados era de setenta y cuatro años. ¿Por qué tanta diferencia?

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En comparación con la gente de hace varios siglos, las generaciones actuales disfrutan de una salud relativamente mejor y de una vida más larga debido, en parte, a la revolución tecnológica. Ciertos inventos modernos han cambiado el modo de hacer las cosas y han vuelto más llevaderas muchas tareas trabajosas. Además, los profesionales médicos han hecho grandes avances en la lucha contra las enfermedades, con la consiguiente mejoría de la salud de gran parte de la población. Sin embargo, no todo son ventajas.

Hace solo cincuenta años, el típico trabajador de muchos países sudaba detrás del arado y el caballo, iba al banco del pueblo en bicicleta y efectuaba reparaciones en casa al llegar la noche. El modo de vida de sus nietos, por el contrario, es bastante diferente. En la actualidad, el trabajador puede estar sentado delante de una computadora la mayor parte del día, trasladarse en automóvil a prácticamente cualquier sitio que tenga que ir y pasar la noche frente al televisor.

Según cierto estudio, los leñadores suecos, que en el pasado quemaban hasta 7.000 calorías diarias talando árboles y transportando troncos, ahora supervisan sofisticadas máquinas que realizan gran parte del trabajo duro. Hubo un tiempo también en el que la mayoría de las carreteras del mundo las construían y mantenían obreros con pico y pala. Hoy día se hace la misma labor, incluso en países en vías de desarrollo, con niveladoras y otra maquinaria pesada.

La tecnología moderna también ha creado una generación de niños sedentarios. Cierto estudio indicaba que a medida que los videojuegos se vuelven “más entretenidos y realistas, los niños […] pasan más tiempo con las videoconsolas”. Y parece que lo mismo ocurre con la televisión y otras formas de entretenimiento sedentario para niños.

Esa marcada disminución del esfuerzo físico ha ocasionado numerosos males físicos, mentales y emocionales. Un organismo británico encargado de velar por la salud, por ejemplo, informó recientemente: “Los niños inactivos corren el riesgo de tener menos autoestima y sentir más ansiedad y tensión. Asimismo, hay más probabilidades de que fumen y consuman drogas que los niños activos. Los empleados que no hacen ejercicio faltan más días al trabajo que quienes sí lo hacen. Y con los años, las personas inactivas pierden la fuerza y la flexibilidad mínimas para realizar las tareas diarias. Como consecuencia, muchas pierden su independencia y se deteriora su salud mental”.

Casi todo el mundo reconoce que las personas que no son activas, comparadas con las que sí lo son, suelen tener la presión arterial más alta, mayor riesgo de apoplejía, infarto y osteoporosis, y más probabilidades de desarrollar determinados tipos de cáncer, así como mayor propensión a la obesidad.

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Está claro, pues, que un programa de actividad moderada resulta crucial para nuestro bienestar. Aun así, pese a los tan divulgados riesgos que conlleva la inactividad, un gran sector de la población mundial sigue sin hacer algo al respecto.  En Estados Unidos, aproximadamente un 40% de los adultos llevan una vida sedentaria, y casi la mitad de los jóvenes de entre 12 y 21 años no practican con regularidad ningún ejercicio intenso.

Pese a los esfuerzos de los gobiernos y las organizaciones sanitarias, los máximos responsables de cuidar de nuestra salud somos cada uno de nosotros. Pregúntese: “¿Soy una persona suficientemente activa? ¿Hago el ejercicio necesario? Y en caso negativo, ¿qué puedo hacer para cambiar mi estilo de vida sedentario?”.

 

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7 comentarios en “Un paso adelante…

  1. No puedo creer que tú, que eres de mi generación crea ser dueño de su propio cuerpo y decisiones. Las “distintas olas” de ese pensador llamado Alvín Toffler ya nos lo anticipaba. Pero bueno; también desde el absurdo de hacernos creer que éramos dueños de nuestros propios actos. Un abrazo sincero.

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