La fibra del corazón

Imagínese que va en bicicleta por una tranquila carretera rural.

Mientras pedalea, unos receptores sensitivos localizados en las piernas determinan la fuerza exacta que debe ejercer para mantener la velocidad, en tanto los órganos del sentido del equilibrio lo ayudan a mantener la estabilidad.

Con la nariz percibe los diferentes aromas del campo, con los ojos contempla el paisaje y con los oídos capta el trino de los pájaros. Sediento, toma una botella, gracias a los receptores táctiles de los dedos.

Las papilas gustativas le permiten saborear la bebida, y los termorreceptores de la boca le indican la temperatura del líquido que ingiere. Las terminaciones nerviosas que hay en la piel y, en particular, aquellas que se encuentran alrededor del nacimiento del vello, le informan de la fuerza de la brisa y, en cooperación con los ojos, de la velocidad a la que usted se desplaza.

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Por si fuera poco, la piel también le advierte de la temperatura y humedad que hay en el ambiente. El sentido del tiempo le dice más o menos cuánto rato lleva en la carretera y, por último, algunos sentidos internos lo obligarán a descansar y a comer. Como puede observar, la vida es, sin lugar a dudas, una magnífica sinfonía de sentidos.

Si, la vida es inmensamente maravillosa, es incalculable las cosas buenas que podemos disfrutar porque estamos maravillosamente hechos, y sin embargo en muchas ocasiones nos sentimos mal, no somos felices, y no lo somos porque nuestras decisiones no son las más correctas y evidentemente somos libres para decidir, pero cada decisión genera unos resultado y si la decisión no es buena, lo que nos genera es tristeza, angustia y nos convierte en unos completos desgraciados.

Cuando tienes muchos años, como el que les escribe, coleccionamos un amplio abanico de decisiones negativas y el tener tan amplio stock de ella debería habernos enseñado a equivocarnos menos, pues no, uno se sigue equivocando tanto o más que antes.

Partimos de la base que cuando uno es mayor, como el que les escribe, la mente siempre o casi siempre continua siendo joven y de ahí que uno siga deseando las mismas cosas que hace cuarenta años, y ahí está el error, craso error, que poco después te hace dar con los dientes en el suelo.

Ahora entiendo porque veo cada día gente mayor tomando el sol en los bancos del parque, están estudiando detenidamente si será correcta la próxima decisión que van a tomar.

“El amor depara dos máximas adversidades de opuesto signo: amar a quien no nos ama y ser amados por quien no podemos amar”. de Alejandro Dolina

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8 comentarios en “La fibra del corazón

  1. Aunque a ninguno nos gustan los malos momentos, en cierta manera son parte necesaria en la escuela de la vida.
    Si toda fuera “perfecto” y no sufrieramos pesar, no seriamos capaces de saber cuándo experimentamos felicidad porque no tendríamos un punto de comparación.
    En cierta forma la adversidad nos ayuda a curtirnos en cuanto a carácter, y nos enseña a apreciar el grado de felicidad que obtengamos en esta vida. Al menos esa es mi opinión. Saludos.

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  2. Yo aun tengo los años nuevos pero… Me he dado cuenta que los errores son como el estándar de satisfacción (o similar) o sea cuando logras un objetivo vas en busca de otro. Las malas decisiones son lo mismo cometes una, no la vuelves a hacer ( o eso intentas) y luego cometes otra que aun no has hecho.
    Es que somos perfectamente imperfectos.
    Btw: Cuando describiste el andar en bicicleta me senti que era la que iba ahi.😊 Saludos.

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  3. Y así vivimos…. persiguiendo la felicidad como quien sigue un espejismo y resolviendo por decisiones incorrectas que nos alejan del corazón y sus fibras más sensibles. Un maestro budista, Shantideva dice que perseguimos la felicidad destruyéndola como si fuera nuestro peor enemigo al realizar acciones negativas que siembran de sufrimiento nuestro porvenir. Sin embargo la vida es tan hermosa que con sólo decidirnos a cambiar dónde está la atención de nuestra mente podemos crear el mundo que deseamos vivir, y con un poco de práctica empezar a vivirlo. Bendiciones querido amigo.

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