Toc,toc…toc,toc…

El corazón es el órgano central del aparato circulatorio cuya función principal es bombear la sangre a través del sistema vascular para alimentar las células del cuerpo humano.

En la gran mayoría de los casos, la palabra “corazón” se usa en sentido figurado. Se dice que representa “la parte central en general, el interior, y por lo tanto, al hombre interior tal como se manifiesta en todas sus diversas actividades, en sus deseos, afectos, emociones, pasiones, propósitos, sus pensamientos, percepciones, imaginaciones, su sabiduría, conocimiento, habilidad, sus creencias y sus razonamientos, su memoria y su consciencia”.

De modo que el corazón figurado no se circunscribe a ser el asiento de los afectos y motivos, ni se limita al intelecto. “Se le atribuye al corazón todo lo que es propio del hombre, tanto en la esfera de los sentimientos como en la de la inteligencia y la voluntad.”

El término “corazón” se usa en diferentes ocasiones para referirse a las facultades del pensamiento, pero sin aislarlas del resto de lo que compone la persona interior.

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La motivación, la fuerza impelente que conforma nuestra conducta, es otro aspecto de la persona interior representado por el “corazón”.

La condición de nuestro corazón figurado se refleja en nuestra disposición, nuestra actitud, ya sea orgullosa o humilde. También son parte del hombre interior nuestros sentimientos y emociones, entre los que se cuentan el amor, el gozo, el dolor, el desconsuelo y el odio. Así, el corazón puede estar “ansioso”, “traspasado” por la aflicción  y ‘derretido’ por el temor. Cuando se menciona a la mente junto con el corazón, la palabra “mente” alude al intelecto, mientras que el término “corazón” se refiere a las emociones, deseos y sentimientos de la persona interior.

Todas estas funciones, capacidades, emociones y cualidades no se atribuyen al órgano literal del corazón, sino al corazón figurado, que representa la completa personalidad interior.

“El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa, y es desesperado”.  Esto constituye una advertencia seria para que todos aquellos que  no solo den atención a lo que otros seres humanos ven, sino a la clase de persona que son en realidad, al hombre interior. Tal vez una persona haya sido honrada por muchos años, tenga un buen conocimiento de la ley y se sienta segura de ser capaz de enfrentarse a cualquier situación que se le plantee. No obstante, aunque sepa perfectamente que una acción es mala y que la ley la condena explícitamente, los pensamientos y deseos que ha acariciado en secreto pueden seducirle a incurrir en una acción delictiva.

El corazón literal ha de estar completo para funcionar con normalidad, pero en el caso del corazón figurado cabe la posibilidad de que esté dividido con respecto a sus afectos y temores. El corazón de una persona puede ser “irresoluto”, también es posible ser de “corazón doble”  o decir engañosamente una cosa y pensar otra, lo que se identifica con un  tipo de hipocresía.

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Podríamos decir que tal persona está “vacía de entendimiento”. El que es “falto de corazón” carece de buen juicio o discernimiento. Por ello, el ser “falto de corazón” se contrasta con el “entendimiento”  y el “discernimiento”. En otros casos al “falto de corazón” se le equipara con el “inexperto”, el “tonto”, el que no tiene sabiduría. Al usar el término “corazón”, se muestran que algunas cualidades positivas que conforman la persona interior son deficientes.

Se puede adquirir corazón. La persona que actúa así concede gran importancia a lo que en realidad es en lo más profundo de su ser. Usa la mente para adquirir conocimiento,  medita en  cosas y se esfuerza por aplicarlas. Moldea con cuidado sus deseos, afectos, emociones y metas en la vida en armonía con lo que sabe que es correcto. De esa manera se beneficia a sí misma y demuestra que “ama su propia alma”. Por desarrollar así la persona interior, “guarda el discernimiento”, pues fortalece aquellos factores que influyen sensiblemente en su propia capacidad de pensar con claridad y actuar con sabiduría.

Resumido en pocas palabras lo dijo René de Chateaubriand…“Mientras que el corazón tiene deseo, la imaginación conserva ilusiones…”

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