Las migajas de debajo de la mesa

¿Tienes una mascota…?

Seguro que si, y si ahora no la tienes, quizás en algún momento has disfrutado de alguna de ella.

Yo la he tenido, y se el valor que tiene y lo que se llega a querer, pero por mucho que nosotros sintamos por ellos nunca es comparable a lo que ellos sienten por nosotros, para ellos no existe nada más, y es tan completo su amor hacia nosotros que por nada del mundo nos cambiaría por nadie.

El o ella, siempre está ahí, nunca se queja y basta que le digas cualquier cosa para que se vuelvan locos de alegría, ellos nunca hacen nada a medias, siempre quieren al completo, siempre su fidelidad con su amo está por encima de todo.

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Y si te fijas, hay una escena que dice mucho, cuando nos sentamos a comer ya sea en la mesa o en el sofá o cualquier otro sitio, ellos  se sitúan delante de nosotros y se conforman con las migajas que nos caen al suelo,  y se sienten contentos y felices, y nunca protestan, son felices así.

¿Y porque pongo este ejemplo…?

Porque hay ocasiones en que en el amor ocurren similitudes, aunque parezca un ejemplo fuera de lugar, créeme hay paralelismo, sobre todo cuando en una relación hay una parte que ama sin medida y la otra posiblemente a lo máximo que llega es a estar cómodo con esa relación, a sentirse medio bien, ya sea por comodidad, por intereses, o simplemente por seguridad.

Así, la parte que realmente quiere, precisamente por ese amor que tiene, se conforma con las migajas que caen debajo de la mesa, e incluso se siente contento cuando recibe alguna caricia cariñosa, pero a cambio de la mascota, hay momentos de lucidez donde se da cuenta que así pierde completamente su dignidad y hasta intenta convencerse de que debe dejarlo aunque sea doloroso, es más, incluso intenta buscar hechos para demostrarse a si mismo que la otra persona no le quiere y que es una relación muy tóxica y por tanto agónica, pero en la mayoría de los casos cualquier cosa es mejor que perder aquello que tanto ama.

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Y viéndolo desde una perspectiva fría no existe otra solución que diluir esa relación, porque quizás uno va a una velocidad y el otro a otra, quizás a una de ellas no le gusta ir tan rápido o quizás existan mil motivos para que una de ellas entienda que esa relación no puede ser y los sentimientos sean otros, más de cariño, de amistad o de cualquier otra cosa.

Entonces sería bueno hacer un razonamiento lógico, un diálogo consensuado y una acción coherente, haciéndolo así, habrá un ahorro de sufrimiento y lágrimas considerable, dejaremos de vivir una mentira, y quien sabe, eso de paso a una buena verdad.

“Tengo un amigo muy especial que cada vez que me voy me despide y al regresar a casa bate su cola con felicidad, es mi adorado perro, amigo.”

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7 comentarios en “Las migajas de debajo de la mesa

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