Mala suerte…

Las supersticiones son un fenómeno mundial. Algunos las valoran como herencia cultural, y otros las consideran meras curiosidades que añaden sabor a la vida. Aunque este tema se tome con pinzas en Occidente, en lugares como África ejercen un efecto directo en la vida de la gente.

Gran parte de la cultura de África se basa en las supersticiones. En este continente suelen verse destacadas en el cine, la radio y la literatura junto con asuntos místicos como la magia, el culto a los antepasados y el fetichismo. ¿Por qué ejercen tanta influencia en la población? ¿Y cuál es su origen?

En muchos casos nacen fundamentalmente del temor a las almas de los muertos u otros espíritus. Ciertos sucesos se interpretan como formas en las que estas criaturas se comunican con los vivos para amenazarlos, advertirles o recompensarlos.

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Las supersticiones también están muy relacionadas con las curaciones. Para la mayoría de los habitantes de los países en desarrollo, la medicina moderna resulta muy cara, y a menudo ni siquiera está disponible. De ahí que recurran a las costumbres ancestrales, el espiritismo y las supersticiones a fin de prevenir o remediar los males. Además, los enfermos se sienten más cómodos con un hechicero que conoce sus costumbres y habla su idioma que con un médico. De esa manera se perpetúan las supersticiones.

Según las tradiciones supersticiosas, las dolencias y los accidentes no ocurren por casualidad, sino por instigación de los espíritus. Un hechicero tal vez asegure que un antepasado muerto está molesto por alguna razón. O un médium quizá opine que la desgracia se debe a que alguien ha pedido a un hechicero rival que maldiga a la víctima, y por ese motivo le ha sobrevenido una enfermedad o un accidente.

Las supersticiones varían mucho de una parte a otra del globo, y su difusión depende de las tradiciones, leyendas y circunstancias de cada lugar. Pero existe un denominador común: la creencia de que debe apaciguarse a una persona o fuerza del mundo invisible.

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Mientras que la mayoría de las familias consideran que dar a luz gemelos es un acontecimiento excepcional y emocionante, los supersticiosos pudieran interpretarlo como un presagio. En algunas regiones de África occidental suele verse como el nacimiento de dos deidades dignas de veneración. Si muere alguno de ellos, o ambos, se les representan en estatuillas, a las que la familia debe ofrecer alimentos. En otros lugares, tener mellizos se considera una maldición, al grado de que algunos padres matan al menos a uno de los recién nacidos. ¿Por qué? Creen que morirán a manos de los mellizos si dejan vivir a ambos.

Ejemplos como los anteriores muestran que aunque algunas supersticiones parezcan curiosas o inofensivas, otras resultan nocivas o incluso mortales. Una interpretación siniestra puede convertir en peligroso un suceso normal.

Así pues, las supersticiones son en realidad un credo, una religión.

Por eso yo sigo pensando como siempre he pensado…“no soy supersticioso porque trae mala suerte…”

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10 comentarios en “Mala suerte…

  1. Buenas tardes.
    El ser humano , por su condición de tal, siempre necesitará una cuota de misticismo que le supla la fisura con la que nace, se reproduce y que a la postre concreta.
    El razonamiento lógico , no lo es tanto si tenemos en cuenta que todo lo que decimos, pensamos o deducimos tiene un bagaje culturalmente mitológico.
    Cualquier persona que se manifieste absoluta en sentido supersticioso estará siendo falaz puesto que desde alguna faceta se inclina , apoya o consciente aspectos de un imaginario colectivo que reclina su cabeza en religiones, cofradías, fetichismos, o cualquier otro recurso que fuere necesario a la hora de hallar un lecho para sus conflictos.

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  2. Un día, un alumno entró en el despacho del eminente científico Niels Bohr. Comprobó que tenía una herradura de la suerte colocada en la pared. El alumno, extrañado, le preguntó por qué tenía aquella cosa basada en la superstición. Bohr replicó: “porque me dará suerte”. El alumno insistió en que aquello era pura superstición. Y Bohr replicó: “me han dicho que me dará suerte, lo crea o no”.

    Quizás los que necesitamos de la lógica y la razón para sobrevivir, a veces acudamos a ciertas fórmulas antiguas. Sabemos que no funcionan. Pero las conservamos. Porque nos darán suerte, lo creamos o no.

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