¡No te oigo…!

“¡No me estás escuchando!”, le reclama su esposa. “¡Claro que sí!”, piensa usted. Y tal vez sea verdad, pero es obvio que escuchó algo muy distinto a lo que ella le dijo. Entonces comienza una nueva pelea.

Usted puede evitar estos encontronazos, pero antes tiene que entender por qué se le van algunos detalles cuando su esposa le habla, aunque crea que sí la está escuchando.

Está distraído, cansado o las dos cosas. Los chicos están gritando, el televisor está a todo volumen y usted está pensando en el problema que tuvo en el trabajo. Ahora su esposa le dice que esta noche vienen unos amigos a cenar. Usted asiente con la cabeza, pero ¿realmente la ha escuchado? Lo más seguro es que no.

Llega a conclusiones precipitadas. Si le imputa malos motivos a su esposa y no deja que termine de hablar, solo empeorará las cosas. Por ejemplo, imagine que su esposa le comenta: “Has pasado mucho tiempo en el trabajo esta semana”. Usted supone que lo está criticando y la interrumpe: “¡No es mi culpa! Tengo que trabajar horas extras para pagar todos tus gastos”. Entonces ella replica: “¡Pero si no te estoy acusando!”. En realidad, solo iba a sugerirle que se fueran de vacaciones un fin de semana.

Trata de encontrarle solución a todo. “A veces solo quiero expresar mis sentimientos, comenta la esposa, pero el siempre quiere darme soluciones. Yo no quiero soluciones; solo quiero que sepa cómo me siento.” Parece que por distraerse buscando soluciones a los problemas de ella, el no le está prestando atención.

Sea cual sea la causa del problema, ¿qué puede hacer para aprender a escuchar mejor a su esposa?

Dele toda su atención. Su esposa tiene algo importante que decirle, pero ¿está usted listo para escuchar? Quizás no; tal vez su mente esté en otros asuntos. De ser así, no finja que la está escuchando. Si puede, deje a un lado lo que está haciendo y préstele toda su atención; si no, pídale que espere hasta que usted termine.

No interrumpa. Cuando su esposa esté hablando, resista la tentación de interrumpir o de expresar su desacuerdo. Ya le llegará su turno de hablar. Por ahora, escuche.

Haga preguntas. Eso lo ayudará a entender mejor lo que su esposa le está diciendo. Ella comenta: “Me encanta que me haga preguntas; esa es una señal de que se interesa en lo que estoy diciendo”.

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Concéntrese en las ideas, no solo en las palabras. Observe el lenguaje corporal, el movimiento de los ojos y el tono de la voz. Dicho de cierta manera, un “Está bien” pudiera significar “No, no está bien”. Un “Tú nunca me ayudas” pudiera significar “Siento que no soy importante para ti”. Aprenda el arte de leer entre líneas. De otra forma, terminará discutiendo sobre palabras en vez de enfocarse en su significado.

Siga escuchando. No deje de prestar atención ni se marche, ni siquiera si le desagrada lo que está oyendo. ¿Qué puede hacer si su esposa le está criticando algo? “Siga escuchándola. Medite en lo que le está diciendo. Se necesita madurez, pero vale la pena.”

Demuestre interés sincero por su esposa. Escuchar no es una simple técnica, es una muestra de amor. Cuando de verdad hay interés, escuchar pasa de ser una obligación a ser un acto natural.

Aunque este escrito se habla del esposo, las ideas también son aplicables a ambos, incluso en el trato con demás familiares y amigos.

 

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16 comentarios en “¡No te oigo…!

  1. Muy buen post. Me sé una historia: “Dicen que un esposo quería saber si su esposa lo escuchaba; Por lo tanto, decidió hacer una pequeña prueba. Se puso a unos 20 metros de ella y le preguntó con una voz normal ‘¿qué hay de comer, mi amor?’, pero no recibió respuesta. Se puso a unos 15 metros y le hizo la misma pregunta, mismo resultado. Después se acerco a 5 metros y le preguntó de nuevo… y nada. Entonces se colocó justo al lado de su oído y le dijo, ‘mi amor, qué no me escuchas? Te he preguntado tres veces que qué hay de comer. Ella le dijo, ‘y esta es la cuarta vez que te lo digo, hay ensalada de atún para comer’, le dijo para sorpresa del él”. A veces, creemos que es la otra persona la que no nos escucha…

    ¡Saludos!…

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  2. ¡Hay charlas que no tienen solución! A veces es mejor hacer ver que escuchas… las mujeres están hechas para hacer el bien y el mal en su hombre, siempre ha sido así y siempre lo será.

    La felicidad del hombre pasa por tener bajo control el oleaje de la mujer. ¡Decir que hay que escuchar es como no decir nada Salomón! Perdona que sea tan duro, pero me revienta que un hombre haya sucumbido al poder de la mujer.

    ¡En ocasiones hay que hablar! ¡En ocasiones hay que escuchar! ¡En ocasiones hay que soñar con lo que quieras, lo que quieras! ¡El HOMBRE DEBE SENTIRSE LIBRE! ¡Sólo así será feliz! ¡Debe ser él mismo!

    Y si no quiere escuchar, no tiene porqué hacerlo. Y si quiere un día de descanso, que se lo tome. ¡Y si ella le exige que lo escuche, quizás el problema lo tenga ella! ¡Y no lo quiera tanto como dice! ¡Cómo demuestra! ¡O cómo el hombre interpreta! ¡Porqué por escuchar demasiado, el hombre perdió su mayor virtud! ¡Y a quién le gusta un hombre sin virtud?!

    ¡Libertad señores! ¡Libertad señoras!

    Que vinimos solos y nos iremos solos. Y mientras tanto decimos pasar el tiempo con ella. ¡Y si la cosa no funciona, quizás lo mejor sea buscarse otra compañía! ¡Que la vida se nos va! ¡No perdamos el tiempo en … todo lo que he dicho!

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