El amor

Todos tenemos muy arraigada la necesidad de amar y ser amados. Quizás ansiemos el cariño de un cónyuge o busquemos el afecto de los padres, los hijos, los hermanos o los amigos. Puede ser que veamos a otros encontrar el amor, mientras nosotros permanecemos solos.

Desde niños escuchamos historias románticas de personas atractivas que se enamoran y viven felices para siempre. Los cantantes hablan del amor, los poetas lo exaltan. Y sin embargo, seguramente no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tantas expectativas pero que fracase con tanta frecuencia como el amor. Eso es verdad; a menudo son nuestras relaciones más estrechas las más turbulentas, las que en vez de alegrías nos producen penas. En varios países, un 40% de los enlaces matrimoniales termina en divorcio, y muchas parejas que no se divorcian están lejos de ser felices.

Además, en numerosos países aumenta la cantidad de familias monoparentales y disfuncionales, en las que los hijos también son víctimas. Pero son especialmente los hijos quienes necesitan la seguridad emocional de un ambiente familiar cálido y amoroso. Así pues, ¿qué pasó con el amor? ¿A quién acudir para aprender sobre esta preciosa virtud?.

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MUCHOS sitios de Internet afirman poseer la clave para encontrar el amor. Quizás le prometan que descubrirá “fascinantes e increíbles secretos” y que recibirá consejos de “casamenteros profesionales”, “expertos en relaciones” y “doctores del corazón”, por no mencionar psicoterapeutas, psicólogos y astrólogos.

El tema del amor también genera ventas de revistas y libros, algunos de los cuales hacen promesas desmesuradas. Uno de ellos, por ejemplo, le asegura que aprenderá “cómo hacer que cualquier persona se enamore de usted”. Otro promete revelarle el secreto para encontrar a la “pareja perfecta en sólo un mes”. ¿Le parece mucho un mes? Entonces, hay otro que le explica cómo lograr que alguien lo ame para siempre “en menos de noventa minutos”.

Gran parte del consejo tiene un precio, y muchas personas tienen que pagarlo dos veces: primero con dinero para recibir el consejo, y luego emocionalmente cuando la orientación resulta equivocada, lo cual suele ocurrir, y las cosas no salen como se esperaba.

De un modo u otro, los medios de comunicación influyen en la mayoría de nosotros. Cierta investigadora afirma: “A través del cine y la televisión, los libros y revistas, la radio y las grabaciones musicales, la publicidad y hasta las noticias, la cultura popular nos bombardea desde nuestra infancia con descripciones fantasiosas y estereotipos rígidos de la conducta sexual, el amor y el romance. La forma en que representan tales cosas la mayoría de los medios de comunicación crea o refuerza unas expectativas irreales que casi nadie puede descartar por completo. Y estas hacen que nos sintamos descontentos con nuestra pareja de la vida real y con nosotros mismos”.

En efecto: la literatura, el cine y las canciones rara vez presentan una imagen realista del amor. Después de todo, su objetivo principal es entretener, no educar. Y por eso los escritores se dedican a producir cantidades industriales de historias románticas que les den dinero. Lo triste es que la realidad y la ficción se confunden fácilmente, y la gente sufre muchas veces una decepción cuando su relación no encaja con la de los personajes imaginarios. ¿Cómo, entonces, podemos distinguir entre la fantasía y la realidad, entre el romance de los medios de comunicación y el amor genuino?

El chico conoce a la chica: el apuesto príncipe y la hermosa doncella se conocen y se enamoran. Una escritora exitosa aconseja a quienes deseen escribir novelas románticas que “desde la primera mirada [de la pareja] sea obvio para el lector que los protagonistas están hechos el uno para el otro”.

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El concepto del amor a primera vista conlleva la idea de que el amor verdadero es puro sentimiento —esa incontenible sensación que se apodera de uno cuando encuentra a su media naranja—, que el amor simplemente llega, sin tener que realizar mucho esfuerzo ni tener que conocer bien a la otra persona. Pero el amor verdadero es mucho más que un sentimiento. Claro, tiene que ver con los sentimientos, pero en realidad es un fuerte lazo humano que también incluye principios y valores, y que nunca deja de crecer si se le cuida y nutre como se debe.

Por otra parte, toma tiempo conocer a alguien. Afirmar que a primera vista se ha encontrado a la compañera o compañero perfecto huele a fantasía y suele llevar a la decepción. Además, si usted se convence al instante de que encontró su verdadero amor, tal vez eso le impida reconocer los hechos que demuestren lo contrario. Elegir a la pareja adecuada exige más que una fuerte impresión provocada por un arrebato de pasión. Por eso, tómese su tiempo. Numerosos estudios demuestran que una mala elección puede perjudicar el desempeño laboral, así como la salud física y mental, y hasta acortar la vida.

En la vida real, los problemas de la pareja suelen venir tanto de fuera como de dentro. Quizás tengan que ver con el dinero, el trabajo, los parientes o los amigos. Pero también surgen cuando uno de los dos no resulta ser lo que el otro esperaba. Los defectos de los personajes de ficción son por lo general pequeños, pero no siempre es así en la vida real. Además, el amor verdadero no hace que automáticamente, sin ningún esfuerzo, superemos situaciones difíciles o diferencias en los puntos de vista, los antecedentes, los deseos o las personalidades. Al contrario, el amor implica cooperación, humildad, apacibilidad, paciencia y abnegación, virtudes que no siempre poseemos por naturaleza ni manifestamos con facilidad.

Como puede ver, el amor de los cuentos es algo sencillo; el amor verdadero implica esfuerzo. Comprender las diferencias entre ambos le impedirá abrigar expectativas ingenuas, alejadas de la realidad. También evitará que haga compromisos precipitados que pudiera lamentar más tarde.

“EL QUE PIERDE A UN BUEN CÓNYUGE, NO SABE LO QUE GANA”, frase mía. 

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9 comentarios en “El amor

  1. Cada uno de nosotros tenemos conceptos diferentes para definir el amor pero cuando llega no hay formula que se pueda sacar porque se siente y cada uno de nosotros somos diferente. Has desarrollado una version muy detallada del tema y te quedò de lo mejor. Tenemos mucho para leerte y seguir en la discusiòn.

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  2. Con esta publicación recordé que había un tipo de estudio que afirmaba que respondiendo a X cantidad de preguntas, que se hicieran dos personas desconocidas y mirándose a los ojos, se podrían enamorar.
    Algunas veces pienso que sería mucho mejor si dejaramos de lado esa idealización de lo que es y no es el amor. Porque, a final de cuentas, es tan complicado el concepto, tan abstracto como concreto.
    Cada vez que veo una película romántica, estoy casi esperando que los personajes terminen en su “felices por siempre”, pero la vida no es así.
    En fin, gracias por la crítica, la reflexión de este tema que mueve a todo el mundo.

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  3. El amor no conoce de tipos, ni de cantidades, ni de calidades.

    El amor cuando llega es perfecro en todos los sentidos, el problema está en confundirlo con otro tipo de emoción o sentimiento.

    Para mí el amor no es ni lo uno ni lo otro, pues trasciende de manera infinita y armoniosa 🙂

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  4. I enjoy a pleasant mixture of fantasy and reality- the fantasy in real life: a lovely wife who apparently adores me still, after more than 20 years, and the reality: relationships and maintaining a home with two teen children and a dog that is sometimes difficult, are VERY hard work. It’s even harder when the reality overcomes the fantasy. In English there’s an expression of difficulty, where one says “I’m living, but it’s a dog’s life.” And we call that fleeting romantic feeling of euphoria “puppy love.” A friend of mine once said to “run from puppy love, because it is the beginning of a dog’s life.” My life may be a dog’s life, but as long as she feeds me and strokes me lovingly and frequently, it’s a good life.

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