Hasta que la muerte nos separe

Aunque son muchas las parejas que pronuncian estas palabras el día de su boda, seguramente pocas lo han hecho pensando en que uno de los dos vaya a morir. Con todo, es bastante probable que, a causa de la edad avanzada, una enfermedad o un accidente, uno de los cónyuges muera y el otro tenga que enfrentarse al dolor y la soledad.

Las estadísticas dicen que es tres veces más probable que enviude una mujer que un hombre. Es más, se calcula que casi la mitad de las mujeres mayores de 65 años son viudas. Por eso, hay quienes consideran la viudez un “fenómeno femenino”. Eso no quiere decir, por supuesto, que a los hombres no les afecte. Y usted, ¿se encuentra entre los millones de personas que han perdido a su cónyuge?

Algunos creen que llorar es signo de debilidad o, peor aún, que perjudica a la persona. Pero no es así. “Las lágrimas son el botiquín de primeros auxilios para las heridas emocionales”. En realidad, llorar es normal y, además, alivia el dolor. Así pues, que no le dé vergüenza hacerlo. También es normal querer pasar algún tiempo a solas.

A algunos también les ha ayudado responder las cartas y tarjetas de pésame que han recibido. ¿Por qué no aprovecha esta oportunidad para poner por escrito lo que le gustaba de su cónyuge y los momentos compartidos que recuerda con cariño? Tal vez hasta pueda hacer un álbum con fotos, cartas y otros recuerdos.

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Asimismo, es habitual que quienes pierden a un cónyuge se sientan confundidos y perdidos. De ahí la importancia de mantener la rutina. Haga todas las cosas —dormir, levantarse, comer…— a las mismas horas que antes. Decida de antemano qué hará los fines de semana o en fechas especiales, como el aniversario de bodas, pues es entonces cuando se siente más la pérdida. Y por supuesto, no abandone sus actividades cotidianas.

Además, sabiendo que la tensión emocional puede impedirle a uno pensar con claridad, es posible que algunas personas malintencionadas quieran sacar partido de la situación. Por eso, no tome decisiones precipitadas. Así pues, antes de tomar grandes decisiones como vender la casa, hacer una inversión importante, mudarse o volver a casarse, espere a que sus sentimientos se serenen.

Otro trago amargo para quien enviuda es decidir con qué objetos de su cónyuge se quedará y de cuáles se deshará, sobre todo si llevaban muchos años casados. Pero por muy dolorosa que le resulte esta tarea, posponerla únicamente aumentará la angustia. Hay quienes prefieren hacer esto solos; otros prefieren hacerlo con alguien con quien puedan compartir sus recuerdos. Usted decide. Por otro lado, podría pedirle a un amigo o un pariente que se encargue del papeleo. Quizás necesite que le ayude a obtener el certificado de defunción, a notificar el fallecimiento a las oficinas del gobierno, los bancos y las compañías de las tarjetas de crédito, a cambiar los títulos de propiedad, a conseguir la pensión por viudez, o a pagar las facturas médicas.

Por encima de todo, tiene que aceptar que la herida tardará en sanar. En un artículo de la revista USA Today se explicaba que, según ciertos estudios realizados por el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Michigan, la persona que enviuda necesita un mínimo de dieciocho meses para empezar a recuperarse física y psicológicamente.

Por muy traumática que sea la experiencia de perder a su cónyuge, la vida continúa. Trate de ver las puertas que se abren ante usted. Quizás ahora pueda viajar o hacer eso que tanto le gusta y para lo que antes no tenía tiempo. Aunque esto no sustituye a su cónyuge, llena el vacío.

No piense que nunca volverá a ser feliz.

“Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos.” (Hellen Keller)

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7 comentarios en “Hasta que la muerte nos separe

  1. I have promised myself to Mrs Mand I am hers. My promise was in writing 24 years ago, but my heart has been hers for 30 years. It’s not a fairy tale romance, unless you consider random dragons that need slaying, and other sorts of disasters, popping up every few years, all a part of the bedtime story. With her I am secure, if sometimes discontent. But without her I would be completely wrecked. While your article is encouraging, should she die before me, I have not weathered storms all that well WITH her, and if that is a sign of things to come, it will be soul crushing, agonizing torture if I am ever without her.

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