¡Que descanso…!

“Nadie sabe mejor dónde aprieta el zapato que quien lo lleva.”(Sabio romano).

¿Cuándo fue la última vez que adquirió un par de zapatos? ¿Le quedaban bien? ¿Andaba a gusto con ellos? ¿Cuánto tardó en elegirlos? ¿Le ayudó algún dependiente u otro profesional? ¿Se los llevó por estética, o por comodidad? ¿Aún le resultan cómodos después de un tiempo? ¿Le aprietan?

Comprar calzado no es tan simple como parece. Y determinar el número preciso es una labor de gran complejidad. ¿Por qué razón

En primer lugar, ¿cuál de sus pies es mayor: el derecho, o el izquierdo? ¿Cree que son iguales? Pues no, señor. Además, hay que tener en cuenta que su tamaño cambia según se encuentren en una u otra de estas cuatro fases: estática, de carga, funcional y térmica. ¿En qué se diferencian?

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El libro  (Medida profesional del pie) da la siguiente explicación sobre la talla en la fase estática: “Se mide con el pie en reposo (el cliente está sentado)”. Por otro lado, la talla en la fase de carga se mide con la persona en posición erguida, posición que modifica el tamaño y la forma del pie. La citada obra señala: “En esencia, el pie en reposo es una bolsa suelta de huesos y cartílago, que se ‘solidifica’ tan pronto comienza a soportar el peso corporal, con lo que cambian sus medidas”. Pero aún quedan dos fases más.

La talla en la fase funcional es la que adopta el pie en condiciones dinámicas: al caminar, correr, saltar o hacer otro tipo de ejercicio. Estas actividades “modifican el tamaño, forma y proporciones del pie”. La talla en la fase térmica refleja las medidas del pie cuando se ve expuesto al calor y la humedad, condiciones que llegan a aumentar su volumen en un 5%. No es de extrañar que nos alivie tanto descalzarnos al final del día, sobre todo si, como suele ocurrir, usamos un número de zapato equivocado.

¿Es posible encontrar zapatos con las medidas idóneas? El libro al que nos referimos al principio contesta directamente que no. ¿Por qué? “Debido a varios obstáculos insuperables. Nadie tiene los dos pies iguales en tamaño, forma, proporciones ni funcionamiento.” Así que si un número le queda perfecto en el pie más grande, no corresponderá bien al otro. “Con esto no queremos decir que sea imposible encontrar zapatos bien adaptados al pie, sino que debemos utilizar con cautela la expresión ajuste ‘perfecto’.”

Para determinar en qué partes ejerce la máxima presión el pie, examine el interior de algún zapato viejo suyo. ¿Dónde está más gastado el forro? En muchos casos será en la base y el refuerzo del talón, así como en la parte delantera, donde nacen los dedos. ¿Qué indica este hecho? Que “varias secciones del zapato no encajan bien con las correspondientes partes del pie, por lo que algunas se desgastan demasiado y otras quedan casi intactas”.

Los tacones altos, opción preferencial entre la clientela femenina, someten al cuerpo a diversas tensiones. Suele alterarse la postura, lo que con frecuencia ocasiona una leve inclinación hacia adelante. Para compensarla y mantener el cuerpo recto, hay que doblar más las rodillas y contraer los músculos de la pantorrilla, la cual se vuelve más abultada.

De ahí que el tacón sea por lo general la parte más importante del calzado femenino y la que determina su comodidad. La obra ya mencionada señala que los tacones altos obedecen a tres motivos: ‘1) “nivel”, pues, por ejemplo, aumentan la altura; 2) estética, ya que ganan en estilo y diseño, y 3) realce de la figura, en vista de que, entre otras cosas, estilizan las piernas’.

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La mujer debe estar muy pendiente de la inclinación del tacón, ya que determina por dónde pasa la línea de gravedad. Si esta transcurre por la parte delantera o trasera del tacón, este pudiera desprenderse y ocasionar graves caídas.

De esta breve exposición se desprende que la elección de unos zapatos adecuados requiere tiempo y quizás un mayor gasto, pues la confección de calzado de calidad es más lenta. Con todo, se trata de prendas de vestir que contribuyen mucho a nuestra comodidad e incluso a nuestra salud. Por eso conviene tomarse tiempo para medir bien el pie. Ármese de paciencia y no permita que lo engañen las modas ni las apariencias.

¿Será que tenía razón mi abuela cuando me decía…? “te quiero más que a unas alpargatas viejas.”

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