Compasión sin fronteras

NUNCA tantos seres humanos han necesitado de forma tan desesperada ayuda compasiva para enfrentarse al hambre, las enfermedades, la pobreza, la delincuencia, las guerras civiles y los desastres naturales. La compasión implica comprender y sentir lástima por el sufrimiento o adversidad ajenos, así como tener el deseo de aliviarlos. Como el calor tibio y suave del sol primaveral, la compasión puede atenuar la angustia, aliviar el dolor y levantar el ánimo del afligido.

Podemos manifestar compasión mediante nuestros actos y palabras, cuidando de otros y estando a su disposición cuando nos necesitan. No sería bueno que fuéramos compasivos solo con nuestros familiares, amigos y conocidos; también deberíamos serlo con personas que ni siquiera conocemos.Sin embargo, no siempre resulta fácil ser compasivo.

Por lo tanto, cultivar una actitud compasiva requiere esfuerzo.

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Algunos consideran débiles y vulnerables a las personas compasivas. Pero ¿tienen razón?

De ninguna manera. La auténtica fuerza motivadora de la compasión sincera es un amor profundo.

Hay una buena razón para ser así, pues la compasión puede proporcionarnos abundantes recompensas.

La compasión tiene el poder de mantener la armonía y contribuir a la resolución de conflictos o desavenencias. Ayuda a aclarar los malentendidos y allana el camino para el perdón. A veces se producen malentendidos porque no siempre expresamos nuestros pensamientos o sentimientos como quisiéramos, o tal vez porque se malinterpretan nuestros actos. En ese caso, la compasión acude al rescate y ayuda a mantener la paz. Cuando se sabe que una persona es compasiva, resulta fácil perdonarla.

La compasión también tiene el poder de aliviar al afligido. Como hemos visto, refleja un espíritu de comprensión hacia quienes están angustiados y nos lleva a sufrir con los que sufren. La compasión implica mostrar un interés tierno por las personas con problemas y emprender acciones prácticas para ayudarlas.

“El mayor consuelo en la desgracia es encontrar corazones compasivos”
Menandro

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13 comentarios en “Compasión sin fronteras

  1. No entiendo por qué la palabra compasión despierta anticuerpos. Pareciera que algunos la interpretan desde la siguiente perspectiva: como que ubica al compasivo en una posición de superioridad sobre quien es objeto de compasión. Yo no lo veo así. En mi humilde opinión, ser compasivo es mostrar amor por quien sufre y no implica una jerarquización; no tiene por qué haberla: un día estamos “arriba” y al día siguiente “abajo”.

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  2. Estoy de acuerdo, si cada uno de nosotros nos preocupáramos más por los demás e hiciéramos algo por ayudarles, incluso el acto más pequeño que muestre afecto a nuestro prójimo, cambiaría un poco al mundo para algo mejor, de poquito en poquito.

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  3. Una vez más estoy de acuerdo contigo, la humanidad ha perdido la compasión por el prójimo. Nos metemos de lleno en nuestros problemas y olvidamos al resto, le quitamos valor a lo que otros padecen. Creo que lo importante como en todo, es entender el propósito por el cual se siente esto. La compasión es eso que a nosotros como seres egocéntricos nos permite dolernos por lo que nos es ajeno, pero más allá de la lástima, la compasión nos impulsa a actuar, ayudar o aliviar eso que angustia a alguien más. Muy bueno.
    Saludos y bendiciones ✴

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  4. La compasión no es la actitud correcta. Nadie quiere que le compadezcan, sino que le comprendan. Que compartan su dolor y le ayuden a luchar con sus problemas.
    La compasión te sitúa en un plano superior: ¡pobrecito! ¡Qué lástima!… ¿Para qué sirve eso? ¿Para sentirse uno bien? ¿Para hacer la buena acción del día?
    Un ser que padece es tu igual, necesita de tu comprensión y posiblemente de tu ayuda, pero no a costa de su dignidad, ni de sentirse inferior, ni de mendigar soluciones.
    La compasión, y su prima hermana la auto compasión, no soluciona nada.
    Es la solidaridad. Es actuar. Es sentarte al lado del que pide, no echarle una moneda. Es hacer tuyos sus problemas, pasar su hambre y sentir su dolor como un igual, no como un alma caritativa, sino como un hermano.

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    1. Gracias por tu excelente comentario Israel, y en algunas cosas lo comparto porque a veces acuñamos la palabra “compasión” a elementos de poder y entonces se convierte en algo canallesco o quijotesco porque designa una compasión con falta de dignidad de quien sufre o permite sobre si mismo el ridículo, la miseria y la injusticia, sin que nadie lo solucione, pero créeme, cuando escribí este escrito era con el criterio de que seamos como dijo Saulo de Tarso, “reír con los que ríen y llorar con los que lloran”, un abrazo como siempre Israel.

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      1. Por supuesto que siempre veo la mejor intención en los demás, pero la palabra compasión me produce urticaria, será porque tengo amigos con minusvalías y me he contagiado en parte de su visión de la vida. Muy recomendable, por cierto.
        El fondo, creo yo, es que no importa tanto lo que siente uno como lo que hace. De nada vale tener unos sentimientos estupendos si no se traducen en actos.

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  5. Por desgracia, casi no se tiene tiempo. Y es real. De hecho no lo hay por falta de organización. Quizás se pueda hacer algo por ser compasivos en algunas instituciones o simplemente escuchando a alguien en un bar que sabes se siente solo. Pero no hay tiempo para eso. Vamos como pollos sin cabeza. Y morimos descabezados.

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