Tartamudear sin más…

Imagínate cómo te sentirías si al tener que pedir un simple billete de autobús te entrara un sudor frío y, cuando intentaras hablar, se te atascaran las palabras y no pudieras pasar del primer sonido. Pues eso es lo que viven a diario unos sesenta millones de personas en todo el mundo. A menudo son objeto de bromas y discriminación, y puede que hasta se les considere poco inteligentes porque sustituyen las palabras difíciles por otras más sencillas de articular.

¿Cuáles son las causas de la tartamudez? ¿Tiene cura? ¿Hay algo que los afectados puedan hacer para mejorar su fluidez?* ¿Y cómo pueden ayudarles los demás?

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En la antigüedad se creía que la tartamudez era causada por espíritus malignos que había que expulsar de la persona. En la Edad Media se le echó la culpa a la lengua. ¿Y cómo se “remediaba”? ¡Con hierros candentes y especias picantes! En siglos posteriores, los cirujanos cortaban nervios y músculos de la lengua y hasta extirpaban las amígdalas. Pero ninguno de esos métodos tan radicales surtió efecto.

Estudios recientes sugieren que la tartamudez se debe a la combinación de varios factores. Uno de ellos tal vez sea la respuesta de la persona al estrés. Otro pudiera ser la herencia genética, pues alrededor del 60% de los afectados tienen parientes con el mismo problema. Además, las investigaciones con imágenes neuronales indican que el cerebro de un tartamudo procesa el lenguaje de manera distinta al resto de las personas. Algunos “quizás empiecen a hablar antes de que el cerebro les dicte cómo articular las palabras”, opina el doctor Nathan Lavid en su libro ¿Qué es la tartamudez?.

Por consiguiente, la causa principal tal vez no sea necesariamente psicológica, como en un tiempo se creyó. En otras palabras, no es cuestión de convencerse de que uno puede dejar de tartamudear sin más. No obstante, la tartamudez sí puede provocar trastornos psicológicos en quienes la padecen. Por ejemplo, quizás sientan miedo ante ciertas situaciones, como hablar en público o por teléfono.

Curiosamente, por lo general quienes tartamudean son capaces de cantar, susurrar, hablar consigo mismos o con sus mascotas, hablar a coro o representar personajes con una fluidez total o casi total.

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Hoy día existen programas terapéuticos que ayudan a mejorar la fluidez. Algunas técnicas de logopedia entrañan relajar la mandíbula, los labios y la lengua, así como respirar con el diafragma. Los pacientes también pueden aprender a realizar iniciaciones suaves, que consisten en aspirar brevemente con el diafragma y liberar un poco de aire justo antes de empezar a hablar. Además, se puede tratar de prolongar las vocales y ciertas consonantes. La velocidad del habla va aumentando a medida que mejora la fluidez.

Aprender esas técnicas toma unas pocas horas, pero saber usarlas en situaciones de tensión puede exigir miles de horas de práctica.

Hay muchos que no han permitido que este problema les amargue la vida. Algunos hasta se hicieron famosos, como el físico Sir Isaac Newton, el estadista británico Winston Churchill y el actor estadounidense James Stewart. Otros han desarrollado habilidades no verbales, como tocar un instrumento, pintar o aprender lenguaje de señas. Quienes hablamos sin dificultad debemos valorar el gran esfuerzo que hacen las personas que tartamudean. En efecto, se merecen todo el estímulo y apoyo que podamos darles.

 

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9 comentarios en “Tartamudear sin más…

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