Epigenoma

CUANDO murió en 2006, Harriet tenía unos 175 años de edad. Claro, Harriet no era una mujer, sino una tortuga de las Galápagos que vivía en un zoológico de Australia. Si la comparamos con nosotros, vivió muchísimo tiempo, pero si la comparamos con otros seres vivos, su edad no era nada excepcional. Veamos algunos ejemplos.

La ostra perlífera de agua dulce puede alcanzar los 200 años, según un grupo de investigadores finlandeses.

La almeja de Islandia suele vivir más de 100 años, y se sabe de algunas que han sobrepasado los 400.

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El pino longevo, la secuoya gigante y varias especies de alerces y abetos viven miles de años.

En cambio, el ser humano, considerado la especie cumbre del planeta Tierra, vive a lo más 80 o 90 años. ¡Y eso a pesar de los extraordinarios esfuerzos que se hacen por prolongar la vida!

¿Le parece que eso es a lo máximo que podemos aspirar, o será posible vivir mucho más tiempo? Hay quienes confían en que la ciencia y la tecnología médica descubrirán el secreto de la eterna juventud.

Al investigar las causas del envejecimiento y las enfermedades propias de la vejez, algunos científicos están explorando una rama de la genética llamada epigenética. ¿Qué estudia esta ciencia?

Las células contienen información genética necesaria para la producción de nuevas células. Gran parte de esa información está en el genoma, término que se refiere al ADN de la célula. En los últimos años, los científicos se han concentrado en otro conjunto de mecanismos celulares llamado epigenoma (que significa “sobre el genoma”). La epigenética estudia estos sorprendentes mecanismos, así como las reacciones químicas que generan.

Las moléculas del epigenoma son completamente distintas al ADN. Mientras que este se parece a una escalera de caracol o hélice doble, el epigenoma es básicamente un sistema de etiquetas químicas adheridas al ADN. ¿Qué función cumplen? Dirigen la manera en que se emplea la información que tiene el ADN, como si fueran un director de orquesta. “Encienden” y “apagan” diversos conjuntos de genes dependiendo de las necesidades de la célula y de factores ambientales como la dieta, el estrés y las toxinas. Los descubrimientos recientes de la epigenética han causado una revolución en el campo de la biología, la cual ha vinculado al epigenoma con algunas enfermedades e incluso con el proceso de envejecimiento.

“El epigenoma está relacionado con enfermedades que van desde la esquizofrenia hasta la artritis reumatoide, desde el cáncer hasta el dolor crónico”, señala la investigadora Nessa Carey. Y “definitivamente está relacionado con el envejecimiento”. Así que las investigaciones podrían producir terapias efectivas para mejorar la salud, combatir enfermedades —incluso el cáncer— y, como resultado, prolongar la vida. Con todo, no se vislumbran avances significativos en el futuro inmediato. Carey dice: “Seguimos atascados en la misma rutina de siempre para combatir el envejecimiento: muchos vegetales y mucho ejercicio”.dna-694798_640

Pero ¿por qué tanto esfuerzo por prolongar nuestra vida? ¿Por qué queremos vivir indefinidamente? O como dijo el periódico británico The Times: “¿Por qué esta obsesión universal de burlar a la muerte mediante la inmortalidad, la resurrección, la vida en el más allá o la reencarnación?”.

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