Un paraíso marino

LA bahía del tiburón  es una ensenada de aguas poco profundas situada en el punto más occidental de Australia, a unos 650 kilómetros (400 millas) al norte de la ciudad de Perth. En 1629, el explorador holandés Francisco Pelsaert calificó a esta franja desierta de “territorio desolado y maldito, carente de vegetación o hierba”. Visitantes posteriores resumieron sus impresiones en nombres como “tramo desesperado”, “ensenada inútil” y “curva del desengaño”.

No obstante, en la actualidad, más de ciento veinte mil personas acuden cada año a la bahía del Tiburón. Tan notables son los atractivos de esta remota región que fue declarada Patrimonio Mundial en 1991.

Pelsaert habría encontrado la ansiada vegetación si hubiera mirado bajo el agua, pues la bahía del Tiburón posee las praderas de algas marinas de mayor tamaño y diversidad del mundo, con una extensión total de 4.000 kilómetros cuadrados (1.500 millas cuadradas). Tan solo el banco de algas de Wooramel se extiende 130 kilómetros (80 millas) a lo largo del brazo oriental de la bahía del Tiburón.

Las algas, que son en realidad plantas que florecen, sustentan una inmensa variedad de vida marina. En este frondoso santuario habitan larvas de camarón, peces diminutos e infinidad de criaturas. Las praderas de algas también proporcionan abundancia de alimento a unos diez mil dugongos, o vacas marinas, que viven en la zona. Estos animales dóciles y muy curiosos, que pesan hasta 400 kilos, pastan tranquilamente en los abundantes prados submarinos, a veces en manadas de más de cien ejemplares. La costa norte de Australia, desde la bahía del Tiburón en el oeste hasta la bahía Moreton en el este, posiblemente alberga la mayoría de los dugongos del mundo.

dolphins-906175_640

Tal como indica su nombre, la bahía del Tiburón alberga una gran cantidad de tiburones de más de una docena de especies. Entre ellas se incluyen el temible tiburón tigre y el gigantesco pero inofensivo tiburón ballena, el pez más grande del mundo. Los tiburones comparten estas aguas con los delfines, lo que desmiente el mito de que donde hay delfines no hay tiburones. De hecho, los investigadores han descubierto que el 70% de los delfines de la zona tienen cicatrices de ataques de tiburón. La biodiversidad animal de la bahía incluye también miles de ballenas jorobadas que se detienen allí para descansar durante su migración anual hacia el sur, y un número similar de tortugas que llegan cada año para poner sus huevos en las playas.

En contraste con otras zonas de la bahía del Tiburón, Hamelin Pool, situada al sur de la bahía, parece inhóspita y sin vida. Debido a la alta tasa de evaporación, sus tibias aguas son dos veces más saladas de lo normal. Las orillas están rodeadas por lo que parecen ser rocas de un color gris pardo. No obstante, un examen más detallado revela que estas “rocas” son en realidad estromatolitos, producto de colonias de microorganismos unicelulares denominados cianobacterias, o algas verdeazuladas, de las que caben unos tres mil millones en un metro cuadrado.

Estos resistentes microbios secretan una mucosidad pegajosa que mezclan con materiales extraídos del agua marina para formar una especie de cemento, que van añadiendo por capas a su hogar parecido a una roca. El proceso es excepcionalmente lento. De hecho, un estromatolito puede tardar cerca de mil años en alcanzar una altura de 30 centímetros.

Hamelin Pool contiene la mayor abundancia y variedad de estromatolitos marinos del mundo. Lo que es más, es uno de los últimos reductos de estromatolitos que quedan.

Las mayores atracciones de la bahía del Tiburón son los delfines mulares de Monkey Mia, zona de playa situada en el borde de la península Denham. Monkey Mia es uno de los pocos lugares del mundo donde los delfines sin domesticar se acercan regularmente a la orilla para interactuar con los seres humanos. Nadie sabe con seguridad desde cuándo lo hacen.

Hay quien cuenta que en la década de 1950 los delfines dirigían a los peces hasta las aguas poco profundas, algo que hoy todavía puede observarse. Tal vez la gente aprovechara esa circunstancia para alimentar a los delfines y hacerse amiga de ellos. En 1964, una pescadora local arrojó un pez a un delfín solitario que saltaba alrededor de su barca en Monkey Mia. El delfín, al que la gente llamó Charlie, volvió a la noche siguiente y aceptó un pez de la mano de la mujer. Otros delfines como Charlie no tardaron en hacer lo mismo.

Desde entonces, tres generaciones de delfines han maravillado a millones de visitantes, así como a los más de cien biólogos de varios países que los han investigado, lo que convierte a estos delfines en los más estudiados del mundo.

En la actualidad, los delfines, a menudo con sus crías, visitan la playa de Monkey Mia casi todas las mañanas. Centenares de visitantes emocionados esperan su llegada, pero solo unos pocos participan en darles de comer. ¿Por qué? Porque los guardias del parque quieren asegurarse de que los animales no lleguen a depender de la comida que se les da. No obstante, todos los presentes pueden observar claramente el espectáculo. Una mujer exclamó: “¡Ojalá que los seres humanos pudieran disfrutar de esta amistad con todas las criaturas de la Tierra!”.

(de Despertar)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .