“Soy tan humilde que si yo tuviera algún defecto, sería el primero en decirlo…”

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.” (Artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos)

PESE a estos elevados ideales, el prejuicio y la discriminación continúan plagando a la humanidad, lo que no solo es reflejo de los tiempos en que vivimos sino también de la imperfección del ser humano. Pero la situación no es irremediable. Claro está, no vamos a eliminar la discriminación que vemos a nuestro alrededor, pero sí podemos desarraigar los prejuicios que tal vez alberguemos en nuestro corazón.

Para ello debemos reconocer que nadie está exento de tener prejuicios. El libro  (Una mejor comprensión del prejuicio y la discriminación) dice: “Posiblemente, las principales conclusiones extraídas de la investigación sobre el prejuicio sean estas: 1) ningún ser con capacidad de expresión y raciocinio está libre de albergar prejuicios, 2) hace falta reconocer el prejuicio y hacer un esfuerzo deliberado para combatirlo y, 3) con la debida motivación, se puede lograr”.

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Se dice que la mejor arma contra el prejuicio es la educación. La buena educación nos ayuda, por ejemplo, a poner al descubierto la raíz del prejuicio, a examinar nuestras actitudes de manera más objetiva y a saberlo afrontar cuando somos víctimas de él.

Un exceso de estimación propia por la que uno se cree superior a los demás debido a cualidades o posesiones, como el talento, la belleza, la riqueza, el rango u otras, y que lleva a mostrar desprecio a los demás o mantenerse alejado de su trato y actuar con insolencia, arrogancia y altivez. Con menor frecuencia puede tener el sentido de gran satisfacción por algo propio y personal, sea una acción o posesión, que uno mismo considera digno de mérito. Sinónimos de orgullo son: egotismo, arrogancia, altivez, vanidad, presunción y soberbia.

El orgullo es engañoso y destructivo. Una persona puede ser orgullosa y no reconocerlo, de modo que, con el fin de evitar enfrentarse a la realidad de su orgullo, atribuya sus acciones a otras causas. Toda persona debe examinarse a sí misma y sus motivos para ver si adolece de este defecto.

Por consiguiente, el orgullo ha de desarraigarse de la personalidad para beneficio propio. Quien no se libre del orgullo sufrirá. El orgullo también es engañoso.

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