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                                                                                                                               #Ánimo Venezuela#

“Los seres humanos no pueden ser más dueños de su destino que cualquier otro animal”, escribe el evolucionista John Gray. En cambio, Shmuley Boteach expresa una opinión diametralmente opuesta en su libro Guía del judaísmo para gente inteligente, donde dice: “El hombre no es un animal, por lo que siempre ejerce control sobre su destino”.

Muchas personas concuerdan con las palabras de Gray y creen que la suerte de la familia humana está a merced de fuerzas ciegas de la naturaleza. Sin embargo, otras consideran que se le dotó al hombre con la capacidad de configurar su propio futuro.

Hay quienes opinan que su porvenir está en manos de fuerzas humanas poderosas. Según el escritor Roy Weatherford, “la mayoría de la gente y en especial la mayoría de las mujeres a lo largo de la historia no tiene ni poder ni control sobre su vida debido a razones obvias: la opresión y explotación humanas” Las repercusiones del determinismo]. Por otra parte, muchos han visto desvanecerse los sueños de un futuro feliz cuando sus rivales políticos o militares han asumido el poder.

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En el pasado, otros se han sentido maniatados porque creían que fuerzas sobrehumanas gobernaban su existencia. “A los griegos de la antigüedad —dice Boteach— les obsesionaba la idea de que toda esperanza era vana, pues creían que el hombre era incapaz de eludir su suerte ya fijada.” Opinaban que la suerte de cada ser humano estaba a merced de diosas caprichosas. Según sus creencias, estas divinidades decidían cuándo moriría cierta persona, así como cuánto dolor y angustia soportaría durante su vida.

Hoy día está muy extendida la creencia de que una fuerza sobrehumana controla el destino de la gente. Hay quienes la llaman kismet, y afirman que Dios ha predeterminado el resultado de toda acción humana y el momento de la muerte. Por otra parte, está la doctrina de la predestinación, aceptada en la cristiandad, que plantea la idea de que “la salvación o condena final del individuo ha sido dispuesta de antemano” por el Todopoderoso.

¿Qué opina usted? ¿Han fijado su futuro fuerzas que escapan a su control? ¿O hay algo de verdad en las siguientes palabras del dramaturgo inglés William Shakespeare: “Los hombres son dueños de sus destinos en cierto momento”?

Sin embargo, el libre albedrío no nos concede libertad absoluta, pues seguimos sujetos a las leyes físicas y morales implantadas para suministrar paz y estabilidad al universo, normas que fueron establecidas para nuestro bien y cuya violación puede acarrearnos graves consecuencias. Pensemos tan solo en lo que sucedería si decidiéramos pasar por alto la ley de la gravedad y saltáramos desde una torre

La libertad de elección también nos impone obligaciones que no tienen las criaturas que carecen de este don. El escritor Corliss Lamont pregunta: “¿Cómo podemos atribuirle al hombre responsabilidades éticas y castigarlo por sus malas obras si admitimos […] que sus elecciones y actos están predeterminados?”. Es obvio que no podemos. Los animales irracionales no son moralmente responsables de lo que hacen, como tampoco lo son las computadoras que ejecutan sus funciones programadas. Por lo tanto, el libre albedrío coloca sobre nuestros hombros la seria responsabilidad de rendir cuentas de nuestras acciones.

(WS2005)

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