El camino más corto

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“La honradez en los negocios es una reliquia del pasado; quienes se empeñan en demostrarla están condenados al fracaso.”

¿CONCUERDA usted con esta desalentadora opinión? Después de todo, la deshonestidad suele dar buenos resultados, por lo menos al principio. No extraña, pues, que las personas honradas se enfrenten a los siguientes tipos de presión:

La tentación. ¿A quién no le gustaría ganar más dinero o darse algunos lujos extras? Cuando surge la oportunidad de obtener beneficios por medios poco éticos puede ser muy difícil resistirse.

● “Como estoy a cargo de la adjudicación de contratos, a menudo me ofrecen sobornos. La tentación de ganar dinero fácil es enorme.”

La presión para aumentar las utilidades al máximo. En los últimos años, las compañías de todo el mundo han tenido que operar en medio de una grave crisis; además, tienen que mantenerse al día con los vertiginosos avances de la tecnología, y la competencia local y global es cada vez más feroz. De ahí que a muchos empleados les parezca que la única manera de alcanzar los objetivos fijados por sus jefes es obrando con falta de honradez.

● “Pensábamos que teníamos que hacerlo. […] De otro modo, arruinaríamos la compañía.”

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La presión de otros. No es raro que los compañeros de empleo o los clientes le insinúen —o incluso le exijan⁠— a uno que participe en sus fraudes.

● “El gerente de una compañía que es cliente importante mío me dijo que si no le daba su ‘comisión’, se buscaría otro proveedor. En otras palabras, quería sacar tajada.”

La cultura. En algunas culturas es costumbre que las transacciones vayan acompañadas de regalos. Pero dependiendo del valor del regalo o de las circunstancias en que se dé, podría empezar a borrarse la línea entre lo que es honesto y lo que no. En muchos países hay funcionarios corruptos que se niegan a hacer su trabajo sin un pago de por medio y no tienen reparos en dispensar un trato preferencial a cambio de dinero.

● “Es muy difícil distinguir entre una propina y un soborno.”

La comunidad. Quienes viven en la pobreza extrema o en países donde el Estado es incapaz de imponer el orden público son los que más presión soportan. En esos lugares, al padre de familia que se niega a engañar o a robar se lo ve como un irresponsable.

● “La falta de honradez se considera algo normal, necesario y aceptable, siempre que no te pesquen.”

Cómo se va erosionando la honestidad

La presión influye muchísimo en la actitud de la gente. Una encuesta realizada en Australia reveló que 9 de cada 10 gerentes consideran los sobornos y la corrupción “un mal necesario”. Además, reconocieron que estarían dispuestos a pasar por alto sus principios con tal de obtener un contrato o algún otro beneficio para la empresa.

Curiosamente, quienes realizan actos fraudulentos no se consideran deshonestos. ¿De qué forma concilian esta contradicción? La gaceta Journal of Marketing Research lo explica así: “Las personas actúan lo suficientemente mal como para obtener beneficios, pero lo suficientemente bien como para engañarse pensando que son honradas”. Para acallar la conciencia, recurren a estrategias como justificarse o minimizar sus faltas.

Algunos se refieren a la falta de honradez con términos refinados para hacerla parecer menos mala. Por ejemplo, ahora ya no se engaña ni se hace trampa, sino que se “toman atajos” o se es “competitivo”. Ahora ya no se habla de sobornos, sino de “favores” o “cuotas de agilización”.

Otros justifican su conducta cuestionable estirando la definición de honestidad.  “Para muchos, la honestidad no significa defender la verdad, sino salirse con la suya sin violar las leyes”. “Aunque la falta de honradez es mal vista cuando queda expuesta, se considera aceptable si logra mantenerse oculta. La gente considera brillantes a quienes encuentran la manera de conseguir lo que quieren, pues admiran su ‘creatividad’”.

Y no son pocos los que aseguran que la deshonestidad es indispensable para alcanzar el éxito.  ‘Tienes que hacer lo que sea con tal de conseguir el contrato’”. Pero ¿será eso cierto? ¿O será más bien que quienes intentan justificar la falta de honradez se están engañando con razonamientos falsos?

2 comentarios en “El camino más corto

  1. Buen artículo, si bien uno puede defenderse de la corrupción por un tema de beneficio propio, de costumbres impuestas en la sociedad o bien por agilidad o costes de prioridad…

    Es necesario que los países que tienen más éxito en el mundo tienen tolerancia 0 con la corrupción.

    Sigue así!

    Me gusta

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