Joder con la lluvia

Si vas a salir a la calle o tienes previsto algún tipo de actividad, no dudes en consultar el pronóstico del tiempo, a veces éste nos juega malas pasadas.

Y si no, que se lo pregunten a Napoleón.

Un acontecimiento que cambiaría el curso de la historia y que se vio grandemente influido por la furia de los elementos fue la batalla de Waterloo, en 1815. Según la historia, en el campo de batalla, situado a 21 kilómetros al sur de Bruselas (Bélgica), más de setenta mil hombres cayeron muertos o heridos en cuestión de horas. El duque de Wellington, militar inglés, eligió el campo de batalla y se posicionó en un elevado terraplén. Aunque las tropas francesas, comandadas por Napoleón, superaban en número a las de Wellington, tenían que derrotar al enemigo antes de que acabara el día, pues los ingleses recibirían refuerzos del ejército prusiano esa noche. El tiempo, sin embargo, volvió a jugar un papel decisivo.

Cayó una lluvia torrencial la noche antes de la ofensiva. La mayoría de los soldados recordarían aquella noche como la más amarga de su vida. Aunque algunos pudieron montar pequeñas tiendas, uno se quejó de que las camas estaban tan mojadas como si estuvieran en el fondo de un lago. El suelo, anegado por la lluvia, era un completo lodazal. Napoleón, que quería asegurarse una derrota temprana acometiendo a Wellington al clarear el día, se vio obligado a retrasar varias horas el ataque.

La principal razón de la demora fueron las condiciones del terreno, que tenía que secarse algo antes del ataque. Por otro lado, el fango menguó la efectividad de los cañones, el arma favorita de Napoleón. El alcance de los disparos fue menor debido a las dificultades para desplazar las pesadas máquinas en el lodazal; y las balas, que debían rebotar en el suelo y causar más estragos a las tropas de Wellington, no lo hicieron porque el suelo encenegado amortiguaba el golpe. Aquello supuso un gran desastre para Napoleón y sus soldados. En efecto, las inclemencias del tiempo provocaron la derrota del ejército napoleónico, y el emperador se fue al destierro.

En los dos casos citados, es obvio que el tiempo atmosférico tuvo un decisivo efecto en sucesos que sacudieron al mundo. Estos, a su vez, desempeñaron un papel crucial en el surgimiento del Imperio británico.

(Datos de la revista Despertar)

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