Buena voluntad y cordialidad…?

Según Gavin Weightman y Steve Humphries, autores del libro Christmas Past (El pasado de la Navidad), a comienzos del reinado de la Reina Victoria (1837-1901) “ningún niño británico colgaba sus calcetines junto a la chimenea en Nochebuena; nadie había oído hablar de Santa Claus; no existían los regalos sorpresa navideños; casi nadie comía pavo el día de Navidad; no era costumbre dar regalos; y apenas se conocía el árbol de Navidad con sus adornos y luces fuera de la corte real. De hecho, el día de Navidad no estaba señalado en el calendario para ningún ritual social”. Entonces, ¿qué ocurrió para que resurgiera la popularidad de las fiestas navideñas?

“Esta transformación de antiguas celebraciones en un acontecimiento breve y respetable para toda la familia comenzó hacia 1830 [. . .] y quedó más o menos completa alrededor de 1870, cuando apareció por primera vez en Gran Bretaña la figura de Santa Claus”, dice Christmas Past. A la vez, la publicación Canción de Navidad de Charles Dickens, relato corto que narraba la conversión del avaro Scrooge al espíritu de la Navidad, promovió una actitud benevolente hacia los pobres. Las insalubres condiciones y penalidades económicas que suponía vivir en las ciudades que surgieron como consecuencia de la revolución industrial, impulsaron a los victorianos a emprender una especie de cruzada moral que, más adelante, a principios del siglo veinte se limitaría a efectuar actos de caridad únicamente para los pobres “respetables”.

Un columnista del Catholic Herald de Gran Bretaña observa: “De manera gradual, y a medida que el nivel de vida ha ido mejorando, muchos de los aspectos más reprochables del ritual navideño de la clase media se han popularizado. La sencillez y la generosidad han sido reemplazadas por un espíritu de competencia y rivalidad. La antes entrañable comida casera ha dado paso a orgías en las que se come en exceso. La nueva tradición obliga a las familias a permanecer juntas durante unos días, sea que les guste o no, a participar en juegos que quizás desprecien, a ver la televisión juntos, aunque algunos la odien, a aislarse de vecinos y extraños precisamente en la única época del año en la que se supone que imperan la buena voluntad y la cordialidad.

”Y si alguien dice esto, si alguien se atreve a criticar el mercantilismo, o tan solo los convencionalismos sociales presentes en todo ello, se le califica de Scrooge. A mi entender, la Navidad se ha desvirtuado terriblemente en los últimos años.”

Sin importar si usted concuerda o no con este comentario, mire lo que ocurre en su vecindario durante la temporada navideña.

(Datos de la revista Despertar)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .