Microbios/3

La increíble resistencia de los microbios comunes se ha convertido en un grave problema, algo que poca gente esperaba. Sin embargo, en retrospectiva, debería haberse previsto que estos microorganismos terminarían por hacerse inmunes a los medicamentos. ¿Por qué? Veamos, por ejemplo, lo que sucedió con el DDT, insecticida descubierto a mediados de los años cuarenta.* Los lecheros aplaudieron el invento, ya que las moscas desaparecían en cuanto se aplicaba el veneno. Sin embargo, unas cuantas moscas sobrevivieron, y las siguientes generaciones heredaron la inmunidad contra el DDT. En poco tiempo, estos insectos inmunizados se multiplicaron por millares.

Incluso antes de que se utilizara el DDT, y de que la penicilina saliera a la venta en 1944, las bacterias patógenas ya habían dado muestras de su prodigioso arsenal defensivo. El doctor Alexander Fleming, descubridor de la penicilina, conocía el problema. En su laboratorio observó cómo sucesivas generaciones de Staphylococcus aureus —bacteria que medra en los hospitales— desarrollaban una pared celular cada vez más resistente al medicamento que él había descubierto.

Hace ya unos sesenta años, las observaciones del doctor Fleming lo motivaron a dar la advertencia de que las bacterias dañinas de una persona infectada podían hacerse inmunes a la penicilina. De modo que si las dosis de antibiótico no mataban suficientes bacterias, las generaciones sucesivas de tales microbios serían resistentes al medicamento y se multiplicarían. Por consiguiente, la enfermedad resurgiría, pero entonces la penicilina no podría curarla.

El libro The Antibiotic Paradox (La paradoja de los antibióticos) comenta: “Las predicciones de Fleming se cumplieron de un modo mucho más devastador del que jamás imaginó”. ¿Cómo ha podido suceder? Pues bien, en algunas cepas de bacterias, los genes —los planos en miniatura contenidos en el ADN— producen enzimas que anulan la penicilina. Por tal razón, a menudo es inútil incluso la administración prolongada de este medicamento, lo cual ha supuesto, sin duda, un duro golpe.

En un intento por ganar la batalla contra las enfermedades infecciosas, desde 1940 hasta 1970 salieron con regularidad al mercado nuevos antibióticos. También se descubrieron algunos en las décadas de 1980 y 1990. Estos nuevos antibacterianos podían curar infecciones ocasionadas por microbios resistentes a fármacos anteriores. Pero en cuanto pasaban varios años, surgían cepas de bacterias que desafiaban también a estos últimos productos.

Los científicos han descubierto que el sistema de defensa de las bacterias es asombrosamente ingenioso. Por ejemplo, son capaces de modificar su pared celular a fin de impedir que penetre el antibiótico o alterar su funcionamiento para que no logre matarlas. Por otro lado, las bacterias pueden expulsarlo tan pronto entra o sencillamente anular sus efectos descomponiéndolo.

La increíble resistencia de los microbios comunes se ha convertido en un grave problema, algo que poca gente esperaba. Sin embargo, en retrospectiva, debería haberse previsto que estos microorganismos terminarían por hacerse inmunes a los medicamentos. ¿Por qué? Veamos, por ejemplo, lo que sucedió con el DDT, insecticida descubierto a mediados de los años cuarenta. Los lecheros aplaudieron el invento, ya que las moscas desaparecían en cuanto se aplicaba el veneno. Sin embargo, unas cuantas moscas sobrevivieron, y las siguientes generaciones heredaron la inmunidad contra el DDT. En poco tiempo, estos insectos inmunizados se multiplicaron por millares.

Incluso antes de que se utilizara el DDT, y de que la penicilina saliera a la venta en 1944, las bacterias patógenas ya habían dado muestras de su prodigioso arsenal defensivo. El doctor Alexander Fleming, descubridor de la penicilina, conocía el problema. En su laboratorio observó cómo sucesivas generaciones de Staphylococcus aureus —bacteria que medra en los hospitales— desarrollaban una pared celular cada vez más resistente al medicamento que él había descubierto.

Hace ya unos sesenta años, las observaciones del doctor Fleming lo motivaron a dar la advertencia de que las bacterias dañinas de una persona infectada podían hacerse inmunes a la penicilina. De modo que si las dosis de antibiótico no mataban suficientes bacterias, las generaciones sucesivas de tales microbios serían resistentes al medicamento y se multiplicarían. Por consiguiente, la enfermedad resurgiría, pero entonces la penicilina no podría curarla.

El libro The Antibiotic Paradox (La paradoja de los antibióticos) comenta: “Las predicciones de Fleming se cumplieron de un modo mucho más devastador del que jamás imaginó”. ¿Cómo ha podido suceder? Pues bien, en algunas cepas de bacterias, los genes —los planos en miniatura contenidos en el ADN— producen enzimas que anulan la penicilina. Por tal razón, a menudo es inútil incluso la administración prolongada de este medicamento, lo cual ha supuesto, sin duda, un duro golpe.

En un intento por ganar la batalla contra las enfermedades infecciosas, desde 1940 hasta 1970 salieron con regularidad al mercado nuevos antibióticos. También se descubrieron algunos en las décadas de 1980 y 1990. Estos nuevos antibacterianos podían curar infecciones ocasionadas por microbios resistentes a fármacos anteriores. Pero en cuanto pasaban varios años, surgían cepas de bacterias que desafiaban también a estos últimos productos.

Los científicos han descubierto que el sistema de defensa de las bacterias es asombrosamente ingenioso. Por ejemplo, son capaces de modificar su pared celular a fin de impedir que penetre el antibiótico o alterar su funcionamiento para que no logre matarlas. Por otro lado, las bacterias pueden expulsarlo tan pronto entra o sencillamente anular sus efectos descomponiéndolo.

Dado que el uso de antibióticos ha aumentado, las cepas de bacterias resistentes se han multiplicado y propagado. ¿Quiere decir eso que los antibióticos son un completo fracaso? No, al menos en la mayoría de los casos. Si uno de ellos no cura cierta infección, por lo general lo logra otro. La resistencia de los microbios ha constituido un verdadero problema, pero hasta el día de hoy se ha podido controlar.Artículo “El regreso de los microbios”Despertar)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .