Nadie es una isla

Me viene a la mente las medidas que los entendidos ponen en marcha para proteger nuestros bosques en verano, la vigilancia, los cortafuegos y el desescombrados de la maleza para protegerlos, aunque luego siempre vienen los descerebrados y encienden una cerilla en día de viento.

Con esta pandemia pasa algo parecido, ante las medidas más o menos acertadas de los responsables, siempre existen los descerebrados que se saltan todas las medidas incurriendo en un peligro potencial para los más frágiles de este virus mortal.

Por ejemplo, este señor de Navalmoral de la Mata en Cáceres, paciente cero del brote en esa localidad, se escapa de su confinamiento, le sudan los cojones lo que pueda provocar con su forma de actuar.

Al final el Covid-19 se irá por aburrimiento pero no porque estemos haciendo lo necesario para erradicarlo, nuevas muertes se acercan, no culpemos a nadie.

Quiero citar este texto de Hemingway…

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la masa. Si el mar se lleva un terrón, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa señorial de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntas por quién doblan las campanas: doblan por ti.

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