¡Me lo quitan de las manos…!

He encontrado muy apropiado para el día de hoy este artículo de la revista Despertar de 1980, aquí os dejo una parte de él.

“La mayoría de la gente piensa que la publicidad o propaganda comercial realmente no afecta sus decisiones. Piensan que no le hacen caso y que deciden por sí mismos. Los ejecutivos de los negocios, sabios en el manejo del dinero, saben que no es así. Por todo el mundo, estos hombres ponen sus fortunas en tremendos presupuestos de publicidad. Despiertan nuestros anhelos y rigen nuestros pensamientos de maneras que quizás ni siquiera nos imaginemos.

Los mensajes de la publicidad penetran por nuestros ojos y oídos desde todo ángulo… desde periódicos, revistas, televisión, radio, carteleras, autobuses, trenes subterráneos, taxímetros, embarcaciones, camisetas y desde otras fuentes, demasiado numerosas para mencionarlas. Se ha calculado que los norteamericanos se topan con hasta 1.600 mensajes publicitarios al día.

“Yo diría,” dijo en tono meditativo Jack Smith, escritor de una columna de vena humorística en el Times de Los Ángeles, “que el norteamericano promedio asimila cada día más palabras de la publicidad que de cualquier otra fuente, incluso noticias, libros, revistas, y su cónyuge.”

Por todo el mundo, los fabricantes buscan nuevas maneras de persuadir a uno a comprar. En 1977, en tan solo los Estados Unidos, un solo fabricante de jabón, Procter & Gamble, gastó 460.000.000 de dólares (E.U.A.) en publicidad… ¡más de 8 dólares por cada familia de la nación! No se gastarían tales sumas de dinero si no produjeran resultados.

Paul Stevens, un escritor de anuncios de televisión, dijo en su libro I Can Sell You Anything (Puedo venderle cualquier cosa): “La publicidad le dice qué comprar, cómo comprarlo, y por qué comprar alguna marca de fábrica o producto en particular. Lo que me asombra es que sigue surtiendo efecto.” Vance Packard, en su libro de gran venta The Hidden Persuaders (Los persuasores ocultos), escribió: “El resultado es que se influye en muchos de nosotros y se nos manipula, mucho más de lo que nos imaginamos, en los patrones de nuestra vida diaria.”

Tal propaganda es muy eficaz al tratarse de necesidades que no son urgentes. El hombre que está hambriento no necesita que le digan que necesita alimento. Pero al hombre que ya tiene un automóvil muy bueno hay que presentarle una tentación si se espera que incurra en una deuda para comprar uno nuevo.”

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